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September 20, 2021

Fútbol

Tres concepciones filosóficas del fútbol: La concepción nihilista

By Marc Masats i Riera.

En el artículo anterior se presentaba la visión inquisidora del fútbol, una perspectiva que nos trasladaba a un fútbol de antes pero que a la vez nos ayudaba a entender algunos comportamientos actuales. Sin embargo, en esta entrega nos centramos en el momento actual, y en como el nihilismo que impera en el mundo ha permitido dar un giro al juego fútbol y en la forma que tenemos de concebir el deporte.

La concepción nihilista del fútbol se fundamenta en el efecto que ha tenido la democratización del conocimiento en los últimos años para modificar la relación entrenador-jugador. Por otra parte, veremos como la globalización, y mercantilización del mundo también han tenido incidencia en la forma de entender el propio juego.

“Dios ha muerto” es un aforismo atribuido al filósofo alemán Friedrich Nietzche que simboliza la liberación del espíritu individual respecto a los apremios de varios órdenes mitológicos y teocráticos característicos de la sociedad desde el Imperio Romano. Como explica su compatriota y también filósofo Hegel, esta liberación lleva a «la ausencia total de terror, la ausencia de esencia de todo lo que es extraño, y un bienestar y un sentirse bien de la conciencia”.

Esta negación de todos los trasmundos inventados por la religión se puede traspasar a un fútbol que se había convertido en un compendio de libros de recetas donde los chefs eran los entrenadores. La idea del entrenador como magnánimo del conocimiento, es ahora la gran enemiga. Estos deben aceptar su muerte como gurús para poder liberar a los jugadores, y con ellos el juego.

Nietzche consideró que después de la “muerte de Dios” y el consecuente devenir del nihilismo la verdad no resultaría ser nada más que el triunfo de la voluntad de poder, es decir, que el único requerimiento para considerar como correcto un hecho pasaba por que generara suficiente convencimiento de que lo era. Así de simple. Del mismo modo que la táctica, que es la voluntad de poder aplicada al fútbol, ​​nos demuestra que es acertada cualquier acción que tenga éxito en el juego.

Aplicar esta corriente de pensamiento al fútbol nos permite calificar como válida cualquier expresión del juego que nos acerque a la victoria. De este modo se considerará que un equipo ha jugado bien siempre que, aplicando su plan, cualquiera que sea, haya obtenido el triunfo o alcanzado sus objetivos. Así pues, esta concepción tiene como único generador de valor el resultado y cualquier camino es válido para conseguirlo.

Dicha perspectiva es la madre de los equipos camaleónicos, efectivos y sin necesidad de definirse en un estilo de juego concreto, adaptables a cualquier contexto. Si pensamos en los equipos que se han mantenido en la élite mundial a lo largo de su historia veremos que la mayoría han mostrado diferentes versiones de sí mismo para lograr sus éxitos. Hoy día estamos viviendo un momento álgido para el juego nihilista, y es que vemos equipos capaces de jugar diferentes partidos en un mismo partido, expresarse desde la organización alrededor del balón o desde el aprovechamiento de los espacios, cambiando de registro si es necesario de una jugada a la otra.

Es posible que hoy en día se viva la mayor expresión de nihilismo de la historia, ya que el valor de las cosas se ha reducido únicamente a su valor de mercado, su precio. En esta realidad mercantilista el protagonista es “el último hombre” que para Nietzsche es el ser más despreciable de todos, ya que es aquel que se satisface con el pragmatismo y la comodidad, y que por lo tanto sólo se alimenta de resultados y placeres tangibles.

Esta es una realidad aplicable a los aficionados o, mejor dicho, los “últimos aficionados” aquellos que cambian de equipo en función del éxito que tenga y no por lo que signifique aquella entidad. A la vez, la efectividad materialista radica en la muerte del alma y la desconsideración a la inmortalidad, esto justifica como muchos empiezan a depreciar un jugador idolatrado cuando su rendimiento inicia el declive. De hecho, se ha demostrado de forma práctica y visual la existencia de los últimos aficionados, y como su condición indica lo han hecho con su desaparición. Son los mismos que han aceptado que la maquinaria de la industria los considere prescindibles, y ya no están presentes en su hábitat natural, los estadios.

Como ya se ha mencionado esta visión del fútbol no deja de ser una muestra más de la concepción de organización social que impera en estos tiempos. Estamos ante una sociedad que reclama datos para entender las cosas y se rige por el paradigma científico. Es en este contexto es donde nace el tecno-fútbol, ​​un deporte donde se pasa de utilizar la tecnología como una herramienta más a refugiarse totalmente en ella, pasando a ser los ordenadores lo encargados de determinar los fichajes y la interpretación del juego se ha sustituido por la simple lectura de datos. ¿Cómo puede ser que en la época con más información sobre el juego éste haya visto reducido su atractivo estético tan notablemente?

Esta reducción del deportista a ser considerado un mero fenómeno biológico ha eliminado la importancia que tenía el contexto y la cultura en la configuración del jugador de fútbol, ​​permitiendo de esta forma una globalización del talento. Esta reducción biológica como forma de igualitarismo, ha abierto posibilidades a los jugadores a tener éxito en cualquier lugar del mundo, pero al mismo momento y como en todo proceso de globalización, ha provocado una estandarización del juego y la eliminación de los rasgos culturales y diferenciadores del juego en las distintas partes del mundo.

Siendo Nietzsche el entrenador del equipo nihilista su mejor jugador debe ser Zaratustra. «Soy aquel que es impelido a superarse a sí mismo constantemente». El superhombre de Nietzsche convertirá el superjugador dentro de esta idea. El superhombre es un ser superior, libre de los valores del pasado, es decir, los que lo vinculan a un modelo de conducta, este es autónomo, agresivo y legislador ya que él es su propia norma. Este se encuentra más allá del bien y del mal. El superhombre representa el fin supremo de la humanidad; la vida. Y, por lo tanto, el superjugador será el máximo exponente del juego.

El más grande de todos los superjugadores es Lionel Messi. Nietzsche presenta el superhombre como resultados de 3 transformaciones. Lo primero que debe superar es el estado de camello, este estaría representado por los jugadores que viven bajo la concepción inquisidora, para después poder pasar a ser león y luchar por la libertad que le coarta el entrenador con su modelo de juego religioso. El objetivo final es llegar a convertirse en un niño. El superhombre no es un personaje terrible, sino que es un niño. «¿Por qué el león rapaz tiene que convertirse en niño? Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí». Como así habló Zaratustra.

Para llegar a superhombre es imprescindible según Nietzche aceptar la muerte de Dios, en el caso del fútbol la muerte del clásico entrenador dogmático y representante único del saber, permitiendo liberar una ola de jugadores extremadamente talentosos que hoy por hoy no sólo dominan el juego, sino que la industria del deporte gira a su alrededor.

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