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September 13, 2021

Fútbol

Tres concepciones filosóficas del fútbol: La concepción inquisidora

By Marc Masats i Riera.

La naturaleza imprevisible del juego del fútbol lo aleja de poder ser considerado una ciencia exacta, y posiblemente por este mismo motivo, es abordado desde todas las disciplinas posibles, haciendo patente la necesidad insalvable de los humanos de ampliar el conocimiento y saciar nuestra curiosidad.

Hoy en día tenemos al alcance miles de artículos que estudian el fútbol desde la biología, la medicina, la neurociencia, la nutrición, la psicología… pero también desde otros ámbitos como la economía, el marketing, la innovación tecnológica o desde hace poco el “fan engagment”. Sin embargo, hay pocas referencias que vinculen el fútbol con la filosofía, cuando ésta es considerada la madre de todas las ciencias y rige los principios de cualquier actividad humana.

Este es el primer artículo de una secuencia de tres, y hará referencia a los efectos de la cultura cristiana y su naturaleza dogmática en la figura del entrenador y la concepción del juego. Una perspectiva que se considera casi extinguida, pero todavía tiene reminiscencias propias del poso cultural que arrastramos inevitablemente.

La concepción inquisidora

En una época casi extinguida, cuando las relaciones sociales aún se estructuraban de forma jerárquica, el entrenador se erigía como una figura dictatorial en la parte más alta de la idiosincrasia de un equipo de fútbol. Este, silbato en pecho, comandaba con mano firme y era el responsable directo de cualquier decisión imponiendo la filosofía del martillo.

Friedrich Nietzche era un crítico de la filosofía del martillo característica de la tradición occidental, en concreto de la moral y filosofía tradicionales representadas en la religión cristiana y en su naturaleza dogmática. Al igual que el martillo, el entrenador con su fuerza es el encargado de dar forma al equipo y enderezar los jugadores.

En una entrevista poco después de su retirada Javier Mascherano hacía unas declaraciones poco habituales dado a que la sinceridad con la que hablaba las alejaba del discurso “mainstream” de los futbolistas. “Yo sufro el fútbol, ​​no lo disfruto. No soy de los que se divierten sino todo lo contrario. Los 90 minutos para mí son de sufrimiento por el hecho de tener que mantener la concentración, no equivocarme, estar pendiente de los compañeros…”.

El sufrimiento es un concepto estrechamente ligado al cristianismo, los cristianos creen en la encarnación del Hijo de Dios en Jesús, que ha sido más humano en los momentos en que más ha sufrido. Nadie ha representado mejor el concepto de sufrimiento que Mascherano, el Jesús del fútbol, ​​quien era despedido por la selección argentina con un emotivo vídeo propio de un pasaje bíblico, que comenzaba con un “Masche, el héroe siempre fuíste os” y seguía narrando: y transformaba en héroes a los demás, porque así son los héroes, los que buscan la gloria, pero no la fama y están dispuestos a dar la vida por los demás.

En el sufrimiento el hombre encuentra la ocasión para sentirse como Jesús. Como cuando en la cruz murió por amor a mundo, un jugador se sacrifica por los colores de su equipo. El sufrimiento es duro, pero también un momento privilegiado para el encuentro personal entre el hombre y Dios, entre el jugador y el entrenador.

La época del entrenador estricto y los jugadores sacrificados coincidía también con una fundamentación reduccionista del mundo y de la ciencia, y por tanto también del deporte. El martillo no sólo servía para imponer sino también para destruir la realidad y desmenuzar el problema para poder entender las partes que lo componen. Este corriente analítico entendía el entrenamiento como la suma de sus componentes y entrenaba cada uno de ellos por separado, sin interrelación y priorizando la condición física. El juego se dividía en las fases defensa-ataque, el rendimiento se medía a través de elementos cuantitativos huyendo del valor contextual. Todo ello y como ya se ha mencionado antes, con el técnico como propietario del conocimiento.

Según el lingüista y científico cognitivo George Lakoff existen dos tipos de figuras paternas, la estricta y la protectora. El progenitor estricto es la autoridad moral que debe sostener y defender a la familia, decir a su pareja lo que debe hacer y enseñar a sus hijos la diferencia entre el bien y el mal, ya que presupone que el mundo es y será siempre peligroso y competitivo. Esta figura estricta coincide con la figura del entrenador inquisidor que encarna los valores más conservadores.

Es posible que este sea el motivo que justifica una práctica habitual en esta visión del fútbol. Los jugadores propiedad de los entrenadores son jugadores que acompañan al entrenador a cualquier equipo de dirija, ya que el jugador ha sido moldeado a imagen y semejanza de lo que quiere el entrenador y así, se ahorra hacerlo de nuevo con otros, o lo que sería más pesado aún, adaptarse a la realidad que le ofrecen nuevos jugadores.

Todos estos hechos hacen de la visión inquisidora un enfoque estanco e inmovilista, siempre a la defensiva con cualquier posibilidad de progreso y con la voluntad de que pasen los años, pero nada cambie, para que quienes están en el poder que otorga el conocimiento puedan mantenerse en el perennemente.

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