30 agosto, 2019

RETOS DE LA MEDICINA DEPORTIVA ANTE EL AUMENTO DE LESIONES

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Cada vez son más frecuentes los estudios que reflejan un aumento de lesiones en el fútbol profesional de las últimas dos décadas. Desde 2001, las lesiones en los isquiotibiales, las más frecuentes, han ido incrementándose un 4% anual. Se calcula que el futbolista actual tiende a lesionarse cada 125 horas que trabaja con el balón.

Al mismo tiempo, también ha comenzado a apreciarse una tendencia al incremento de lesiones en el fútbol amateur y en las categorías inferiores, donde el aumento de incidencias crece con el ascenso de categorías, así como en el fútbol femenino. Las causas de este fenómeno de las que se tiene evidencia científica son multifactoriales.

En la actualidad, un futbolista puede recorrer entre 10 y 14 kilómetros durante un partido, casi una cuarta parte de esa distancia se cubre con carreras de alta intensidad y sprints. Hasta 72 horas después de un esfuerzo de estas características, se han encontrado en el deportista marcadores sanguíneos que indican daño muscular y estrés oxidativo. La fatiga es causa fundamental de la aparición de lesiones y, en el deporte profesional actual, la urgencia económica -inversión realizada en un jugador- y competitiva tienden a acortar los periodos de recuperación tras un partido e incluso tras una lesión.

Se ha detectado que la media de lesiones es mayor en los jugadores de fútbol que tuvieron cuatro días de descanso tras un partido que en los que tuvieron seis; por otro lado, su aparición, en términos generales, está cada vez más repartida. La intensidad y los esfuerzos que se realizan en los entrenamientos son cada vez más equiparables a los que se hacen en los partidos. Existe, en resumen, un aumento de intensidad en el juego y de concentración de partidos que tiene consecuencias físicas. Hoy, un futbolista puede disputar 65 partidos anuales con su club y en baloncesto pueden llegar hasta 85, sin contar en ambos casos las citas internacionales.

No obstante, existe gran variabilidad entre clubes. Cuanta mayor es la concentración de partidos, la norma es que menor sea la intensidad de los entrenamientos. Aunque hay equipos que, por las características de su táctica de juego, tienen que entrenar en intensidad con mayor frecuencia.

Prevención de lesiones

Todavía no hay estudios que determinen con claridad la incidencia de lesiones según la posición en el campo de un jugador. Lo que está registrado, como se ha apuntado, es que la lesión de isquiotibiales es la más frecuente y va en aumento. Su incidencia está asociada a factores intrínsecos, los genéticos y morfológicos, o extrínsecos, como la forma de correr, la carga de partidos o la función en el juego del deportista. Sí se ha observado que, en fútbol, los delanteros tienen más tendencia a lesionarse esta región muscular.

La primera medida preventiva y la más importante correspondería a los organismos deportivos. La saturación de partidos en el calendario va en detrimento de la calidad del espectáculo por el evidente incremento de lesiones que conlleva. Hay antecedentes, como en la NBA, donde existe un debate sobre si debe reducirse el número de partidos con el riesgo de que se produzca un descenso de ingresos.

Los viajes largos afectan a la recuperación tras un partido. En un desplazamiento, dormir en ambientes desconocidos, puede tener un impacto en la calidad del sueño de los jugadores, lo que alteraría su descanso. Al parecer, el sueño es importante para prevenir lesiones, aunque todavía está por estudiar en toda su dimensión y es un reto de cara al futuro de la medicina deportiva.

El descanso, la hidratación y la nutrición serían, por tanto, los tres pilares de la prevención. Existen numerosas terapias de medicina de recuperación, tales como masajes, sauna, baños de agua fría, batidos, complementos alimenticios, etc., pero la literatura científica aún no ha arrojado datos concluyentes que puedan servir para tomar medidas de carácter general en este aspecto.

Otra prevención conocida son las rotaciones dentro de una plantilla de jugadores, que no siempre son viables por la presión competitiva. Sin embargo, con toda la información de la que se dispone sí que se puede establecer un plan de monitorización individualizado de cada jugador para obtener una información que pueda ayudar a evitar daños físicos.

Monitorizar la carga

Establecer en estas condiciones una estimación estadística de la probabilidad de lesiones en una plantilla es aún muy complicado, pero se puede trabajar, pese a la complejidad del fenómeno, en un sistema de información con el que se puedan establecer una serie de alertas.

Monitorizar la carga externa a la que está sometido un deportista es posible. Se puede medir con GPS la distancia recorrida, la velocidad, aceleraciones y esfuerzo físico. Más complicado resulta registrar la carga interna. Precisaría controlar la frecuencia cardiaca y realizar análisis de sangre o muestras de orina para medir los valores de distintos metabolitos. En la actualidad, se emplean los test de Rango de Esfuerzo Percibido (RPE), cuya fiabilidad en deportistas profesionales de élite hay que ponerla en duda.

La historia médica del jugador también arroja información determinante. Al margen de las lesiones producidas por choques o agresiones de un rival, las lesiones musculares y las derivadas en general del esfuerzo físico o desgaste muestran una alta probabilidad de recaída.

Estado psicoemocional

Lo más difícil de cuantificar en un modelo estadístico sería el estado mental del futbolista. El estrés, como han demostrado investigaciones realizadas en España, es una causa de lesiones debido a su incidencia sobre la concentración del deportista, lo que altera su psicomotricidad. Sin embargo, medir ese desgaste si procede de problemas personales, estrés psicoemocional, es muy difícil. Tampoco parece sencillo contabilizar de alguna manera la exigencia mental del futbolista, la presión, que provenga de los resultados del equipo durante una temporada, de su trayectoria, o los retos u objetivos que afronta la plantilla.

Incluso en un solo partido, para un futbolista el estrés no será el mismo si comienza ganando desde los primeros minutos o si se pone por delante en el marcador en la última fase del partido. Son variables muy complicadas de monitorizar la demanda táctica, la exigencia que requiere el juego del rival, cambios en la estrategia del propio, jugar con o sin balón, o cambios de posición que exijan más o menos despliegue físico, pero todas ellas afectan a la posibilidad de lesionarse.

Un análisis de datos y las conclusiones a las que se puede llegar a través de la monitorización y la estadística no tienen por qué corregir la gestión que lleva a cabo un entrenador. Su utilidad reside en aumentar el nivel de información del cuerpo técnico y que así puedan modular los planes de entrenamiento de acuerdo con la capacidad y límites de cada jugador.

 

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BIBLIOGRAFÍA

Are Physical Performance and Injury Risk in a Professional Soccer Team in Match-Play Affected Over a Prolonged Period of Fixture Congestion?

  1. Carling, F. Le Gall, G. Dupont

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Håkan Bengtsson, Jan Ekstrand, Martin Hägglund

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Factores psicológicos y vulnerabilidad a las lesiones deportivas: un estudio en futbolistas

Aurelio Olmedilla Zafra, Carmen García Montalvo y Francisco Martínez Sánchez

Revista de Psicología del Deporte

 

Lesiones y factores deportivos en futbolistas jóvenes. (Injuries and athletic factors in young football players).

Aurelio Olmedilla Zafra, Mª Dolores Andreu Álvarez, Lucía Abenza Cano, Francisco J. Ortín Montero y Amador Blas Redondo

Universidad Católica de Murcia

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