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28 octubre, 2019

POR QUÉ CREAR UN ESTADIO QUE SE DESMONTA COMO UN LEGO

Instalaciones Inteligentes
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Desde la FIFA siempre se ha defendido que la Copa Mundial es un motor para el desarrollo, una fuente de ingresos, y que promociona el turismo y las inversiones en el país que lo celebra. Todo ello puede ser cierto, pero eso no significa que los gobiernos o los estados lo gestionen adecuadamente. Basta ver, a día de hoy, gran parte de las instalaciones creadas para Brasil 2014: inmensos estadios sin uso porque en sus ubicaciones no hay público para llenarlos. O, peor aún, la Soccer City, ciudad del fútbol creada en Sudáfrica con motivo del Mundial 2010, tan sometida a continuos robos y vandalismo, que ha sido cerrada hasta nuevo aviso. La gran pregunta es si pueden existir fórmulas intermedias que, sin renunciar a la celebración, no impliquen un esfuerzo económico extenuante, y difícil de aprovechar en el futuro. Especialmente para países más necesitados de escuelas y hospitales que de templos del fútbol.

Desde Qatar 2022 quieren enviarnos el mensaje de que sí, es posible. Porque por primera vez en la historia va a existir un estadio de fútbol desmontable, que se podrá reutilizar o revender. Será el Ras Abu Aboud, ubicado en la ciudad de Al Khor, una de las sedes de la Copa del Mundo. Tendrá capacidad para 40.000 espectadores y, una vez terminadas las celebraciones, servirá para generar hasta tres edificios diferentes, susceptibles de ser trasladados a otros lugares, vendidos o donados por partes a países en vías de desarrollo. Las posibilidades son múltiples, porque sus dueños recibirán, junto al proyecto, un completo manual de instrucciones para su montaje y desmontaje. La durabilidad de sus componentes también lo hace muy sostenible: se ha calculado que podría emplearse hasta en seis mundiales consecutivos, varias décadas por tanto, montándose y desmontándose, antes de sufrir un deterioro apreciable.

El interior no se distingue de los estadios construidos de forma convencional.

Resulta significativo que en las conversaciones que dieron origen a este estadio el arquitecto que lo concibió, Mark Fenwick, del estudio Fenwick Iribarren, aludiera a lo ocurrido en Brasil y Sudáfrica. Su firma ya había ganado por concurso la construcción de otros dos estadios para el Mundial de Qatar. Así que cuando las autoridades qatarís le pidieron otro más, les hizo la consideración de que su país, con solo 1,5 millones de habitantes, ya iba a tener siete estadios. Sumar otro, y en una ciudad pequeña como Al Khor supondría, casi con seguridad, que apenas se usaría pasada la Copa del Mundo. En cambio, si podía dividirse en varios edificios daría origen a instalaciones más pequeñas, útiles para los 30.000 habitantes de la ciudad.

La idea gustó, y cuando a Fenwick le pidieron que la plasmara, planteó un desarrollo basado en los Lego y los Meccano con que jugábamos de niños. Permitían construir un solo juguete, o varios diferentes, siguiendo unas instrucciones. La comparación no es casual: después de las conversaciones informales con el Comité Supremo para la Organización y el Legado del Mundial de Qatar, se fue a visitar una juguetería para hacerse con cajas de juegos de construcción. Tenía una idea previa, pero analizando los juguetes llegó a varias conclusiones que podían trasladarse al mundo real y adulto. Especialmente si las combinaba con el objeto más utilizado a diario en el transporte internacional: los contenedores marítimos de mercancías. Por sus dimensiones y coste ya han sido empleados en arquitectura para soluciones experimentales de vivienda, pero nunca se habían aplicado a un edificio de estas dimensiones.

Los contenedores permitirían no solo servir como partes del edificio, sino trasladar en su interior todas las piezas para montarlo. Eran además una solución idónea para el emplazamiento, el puerto de la ciudad de Al Khor. La proximidad al mar facilitaría no solo la llegada del barco con todas sus piezas, sino futuros traslados, por vía marítima, a cualquier lugar del país, o del mundo.

Actualmente en fase de construcción, la cimentación del Ras Abu Aboud se encuentra muy avanzada, así como las instalaciones que le proveerán de agua y electricidad. Este otoño la nave con 3.500 contenedores que lo transporta partirá del puerto de Valencia para cruzar el Mediterráneo y el canal de Suez. Dentro estarán, literalmente, todas las piezas, además de los 1.000 contenedores pintados en varios colores, que irán colocándose en la estructura como baldas de una estantería. Al igual que los dispositivos plug-and-play, han sido concebidos para conectarse y empezar a funcionar, con los palcos, concesiones y aseos en su interior, ya montados. Los espacios intermedios entre contenedores servirán como distribuidores de la circulación del aire y de sistema natural, por tanto, para refrescar el estadio, aprovechando la brisa marina que sopla desde la bahía. Su fecha de finalización está prevista para 2020.

Aunque el aspecto más llamativo del Ras Abu Aboud, su coste, no va a apreciarse a simple vista. Erigirlo costará la mitad que el resto de estadios que se han proyectado, gracias a las características de las piezas que lo componen, y porque su tiempo de construcción va a ser mucho más corto. Y va a hacerse en Qatar, que es por su PIB la nación más rica del mundo, lo que no significa que a sus autoridades no les preocupe la racionalización del gasto en el Mundial, ni los esfuerzos por preservar el medio ambiente. El primer estadio desmontable abre además un interesante camino a naciones menos favorecidas que Qatar, para que sean capaces de aprovechar el impulso dinamizador del Mundial sin endeudarse, ni arruinarse.

Y todo ello sin renunciar a las características de los estadios del siglo XXI, que Fenwick nos resume con esta frase: “ya no son meros contenedores de hinchas, sino una nueva sede social generadora de relaciones humanas, deportivas y urbanas y, sobre todo, de emociones que trascienden lo meramente físico.” Habría que añadir también que sus públicos ya no son solo los que se sientan en las gradas, ni ese grupo de seguidores muy fieles a los que nos referíamos al principio como centro de la diana. Los seguidores son hoy un grupo mucho más numeroso y exigente, capaz de pedirle al fútbol compromisos con el resto de preocupaciones de la sociedad, con el planeta, el medio ambiente, y con los recursos del país en que se ubican.

 

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El equipo Barça Innovation Hub

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