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November 15, 2021

Tecnología & Innovación

No pienses en deportistas, sino en superhéroes de Marvel: la innovación en los bañadores de natación

By Álvaro González.

Como en cualquier otro campo, la innovación en el deporte requiere de ideas que lleguen desde ópticas diferentes y que no siempre estén en el mismo plano. La mayor eficacia de las estrategias de I+D aparecerán siempre como un trabajo colectivo. Un grupo que pueda hacer mejorar a los deportistas no solo resolviendo problemas, sino encontrando problemas que no se sabía que estaban ahí. Un caso paradigmático en la historia del deporte con estas características es el de los bañadores Speedo, cuya evolución fue pareja a la depuración de las técnicas de natación y a su vez responsable de muchos récords mundiales.

Originalmente, los bañadores femeninos solo tenían como función cubrir el cuerpo. En la década de los 20, la famosa nadadora australiana Annette Kellerman, inventora de la natación sincronizada, no daba crédito cuando veía las prendas con las que las mujeres eran obligadas a meterse en el agua para nadar. En su biografía My Story escribió sobre su frustración al respecto: “¿Cómo podían estas mujeres nadar con zapatos, medias, pololos, faldas y vestido de marinero con las mangas hinchadas y en algunos casos con corsés bien ajustados? Y ni siquiera íbamos realmente a nadar. Todas caminábamos un poco por la orilla, entrando y saliendo del agua. Las que se quedabanen el agua estaban tan sumamente cargadas que no mostraban ninguna alegría al nadar”.

Los bañadores eran de lana y podían llegar a pesar cinco kilos, se arrugaban con facilidad y formaban bolsas de aire.Los hombres solían llevar camisetas de seda, que también daban problemas, en el agua el tejido se pegaba al cuerpo y resultaba bastante incómodo. La primera innovación que introdujo Speedo fue eliminar la mayor cantidad de lana en uno de sus primeros modelos, el Racerback. La idea era de Alexander McRae, un emigrante escocés en Australia. Se dedicaba al negocio textil y su propósito inicial era vender trajes de baño que resultasen atractivos a los bañistas, aprovechando la fiebre por la cultura playera que existía en las costas australianas. Su creación no estuvo exenta de controversia cuando la nadadora australiana Claire Dennis compitió en Los Ángeles con este traje de tirantes, ya que dejaba a la vista sus hombros. Hubo requerimientos para que se la descalificara por ese motivo, pero la Federación Internacional de Natación (FINA) finalmente aprobó su bañador.

Desde entonces, se empezó a investigar cómo mejorar esta prenda para poder hacer mejores marcas en la piscina, pero no fue hasta los Juegos Olímpicos de Merlbourne de 1956 que se marcase un antes y un después con la aparición de los Speedo de nailon. Fueron los más innovadores de su tiempo e inauguraron una competición paralela por la fabricación del traje de baño más rápido. La tendencia fue a hacerlos cada vez más pequeños, que cubrieran la menor parte del cuerpo posible, pero la clave estuvo en el tejido. Se buscaban materiales que redujeran la resistencia al agua y con el menor coeficiente de fricción. Así surgió la hidrodinámica, que en la actualidad ha llegado a producir tejidos más planos y suaves que la piel humana.

Esta etapa concluyó cuando de nuevo Speedo puso en marcha otra estrategia disruptiva. Ocurrió en los Juegos Olímpicos de Barcelona’92,la marca decidió abandonar la idea del traje minimalista que imperaba hasta entonces. El motivo era obvio, si el bañador tenía menos resistencia al agua que la piel, lo lógico era recubrir todo el cuerpo con él y lanzaron unos monos de poliéster para nadadores de ambos sexos.

Habían hecho lo contrario de lo que estaban haciendo todos los fabricantes. El S2000, un bañador de una combinación de microfibra de poliéster y elastano era un 15% más rápido que el resto de los tejidos más empleados. Cubrieron con esta tela al nadador hasta el cuello. Como resultado, en esos juegos, los nadadores que llevaron Speedo se hicieron con veinte oros, veintitrés platas y cuarenta y cinco bronces. La mitad de las medallas entregadas en natación. Los que llevaron específicamente el S2000 hicieron cuatro récords mundiales. Desde entonces, en la década de los 90 todos los fabricantes fueron conscientes de que cada centésima de segundo que podía decidir un récord había que empezar a lograrla desde el bañador.

La innovación no solo tuvo éxito deportivo, sino que cambió la naturaleza y práctica de la modalidad deportiva. Los nadadores competían entrenando, pero equipos de diseñadores, técnicos textiles e ingenieros fabricantes de fibras y tejidos trabajaban a diario para que sus marcas fueran cada vez mejores gracias al traje de baño. En esas fechas, Speedo además logró vender diez millones de bañadores anuales. Sin embargo, con la llegada del LZR Racer, la FINA tuvo que ponerle coto a su desarrollo.

En 2008, se batieron trece récords mundiales en un mes y medio con ese bañador en Estados Unidos, el campeonato europeo de Eindhoven y el campeonato nacional australiano. La FINA tuvo que intervenir para garantizar la igualdad de oportunidades. Hasta ese punto, los nuevos bañadores habían revolucionado este deporte. En 2009, se reglamentaron una serie de limitaciones e, inmediatamente, los nadadores que habían logrado récords con ese bañador redujeron sus marcas.

El diseño era de la compañía italiana Mectex, el Instituto Australiano del Deporte y la NASA, Speedo se limitaba a comercializar el producto. Esta nueva generación de bañadores, ensamblados con ultrasonidos, repelían el agua, aumentaban la flotabilidad y comprimían las partes del cuerpo que más sobresalían para aumentar la hidrodinámica. En la salida y los virajes, era decisivo. Ahí se lograban las décimas del crono que podían decidir un récord. En los Juegos de Pekín, el 98% de los nadadores con medalla lo llevaban.

Tras las limitaciones, Speedo siguió pensando en formas de innovar insistiendo en el mismo método, el multidisciplinar y la estrategia disruptiva. Antes de entrar al laboratorio, se reunieron con académicos, entrenadores e investigadores. Los encuentros se produjeron en hoteles y casas de campo con el único objetivo de generar ideas. Joe Santry, gerente de investigación de la marca, reconoció que en esas reuniones se podían escuchar “las ocurrencias más locas y extravagantes”. En lugar de tomar como modelos a los grandes campeones de la historia de la natación y sus gestas en el agua de la piscina, las ideas parecían estar más inspiradas por Marvel y sus superhéroes. Los límites que se le habían puesto a sus bañadores intentaron superarlos a través de los complementos, las gafas y el gorro, creando un traje completo. Eso era lo que parecía, según Santry, sacado de cómics de superhéroes.

El resultado tras 55.000 horas de trabajo fue el Fastskin 3. Aparte de técnicos e ingenieros y expertos en nanotejidos, un psicólogo decidió los colores de los nuevos materiales. Las lentes de las gafas serían azul grisáceo para trasmitir una sensación de calma y concentración. Para tomar todas estas decisiones y gestionar la creatividad, emplearon el Método de los Seis sombreros. En un cesto se introducen las ideas creativas para abordar un problema y en otro, su viabilidad. Además, trataron de pensar a la inversa. Se propusieron cuál sería el equipo y traje de baño con el que un nadador iría más lento con el fin de identificar todos los problemas que tendrían que eliminar en el traje final.

Para reducir la resistencia de los nuevos componentes, las gafas y el gorro, se emplearon las mismas técnicas que en los tubos de aerodinámica de la Fórmula 1. La fabricación de prototipos para probarlos fue mucho más rápida que años atrás porque se utilizaron impresoras 3D. Del diseño al equipo de baño, solo pasaban unas horas. Ya no había que depender de dibujantes. En el bañador se apostó todo a la hidrodinámica, el nuevo traje comprimía menos el estómago y más las nalgas y las caderas.

El equipo de innovación de la marca empleó técnicas de DesignThinking para identificar todos los problemas en la experiencia y necesidades del usuario final del producto. Uno por uno, fueron hallando soluciones a cada reto que se había planteado hasta dar con un prototipo realmente novedoso y avanzado. Durante todo el proceso, fue clave romper con las ideas tradicionales y las fórmulas rutinarias. Tenían que desplazar la competencia a un lugar donde no había estado hasta entonces, por eso se centraron en complementos como las gafas hasta conseguir que fuesen decisivas. Rompieron con los esquemas del pensamiento lineal de forma cocreativa, entre equipos multidisciplinares.

En el curso que imparte el Barça Innovation Hub, Innovation in Sports, con Albert Mundet, director del BIHub, Ivanka Visnjic, profesora del ESADE, y Steve Gera, embajador BIHub en EEUU y CEO de Gains Group, se estudian casos como la línea seguida por Speedo para crear estrategias disruptivas de innovación en el ámbito deportivo. Como sostiene Visnjic, “es muy importante probar nuevas ideas continuamente, incluso creando prototipos baratos para testear las características de una solución a un problema de cara a maximizar todo lo que se pueda aprender”.

  1. Davies(1997)Engineering Swimwear, The Journal of The Textile Institute, 88:3, 32-36, DOI: 10.1080/00405009708658585

How Speedo Created a Record-Breaking Swimsuit https://www.scientificamerican.com/article/how-speedo-created-swimsuit/

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