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2 octubre, 2020

¿Más es mejor? Carga de entrenamiento y rendimiento en baloncesto

Rendimiento Deportivo

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El baloncesto profesional está evolucionando hacia un mayor número de partidos, pudiendo llegar a los 90 por temporada.1 Esto hace que la preparación de los jugadores requiera de una preparación que les permita soportar cargas de entrenamiento elevadas de manera regular, reducir el riesgo de lesión, atenuar la aparición de síntomas de fatiga y, además, que todo ello se traduzca en un rendimiento óptimo a lo largo de la temporada.

Por ello, según el estilo de juego del equipo y las características de los jugadores, las demandas físicas variarán y se requerirá una preparación personalizada enfocada en potenciar aquellos aspectos que conformen las peculiaridades del juego. Es decir, las demandas de un equipo con un estilo “lento y exploratorio” serán diferentes de las de un equipo que imprima un mayor ritmo al juego, con las implicaciones que ello conlleva en el plano físico y en la toma de decisiones. En este sentido, monitorizar las demandas físicas tanto de los entrenamientos como de los partidos se ha convertido en una tarea relevante para prescribir y monitorizar las sesiones de entrenamiento.

¿Una mayor carga de entrenamiento se traduce en un mayor rendimiento?

La tecnología actual de monitorización de la carga de trabajo dota de información objetiva a los entrenadores para periodizar el entrenamiento y buscar así adaptaciones en función de las demandas individuales de cada jugador y de la carga acumulada. Así, el uso de sensores inerciales y de posicionamiento permite analizar las demandas físicas de manera precisa y ponerlas en relación a otras variables.

Históricamente la literatura científica ha relacionado los datos de carga externa con el riesgo de lesiones, intentando responder a la pregunta de si una mayor carga de trabajo se traduce en una menor incidencia lesional. En cambio, la relación entre la carga de entrenamiento y el rendimiento del juego no se ha explorado todavía.

En baloncesto existen indicadores que combinando estadísticas relacionadas con el juego (p. ej. lanzamientos de 2 puntos, rebotes defensivos, asistencias, robos, bloqueos…) mediante análisis secuenciales y subconjuntos de ecuaciones estructurales obtienen un marcador de rendimiento. Por ejemplo, dos de los más utilizados son el WinScore2 o el índice de rendimiento, también conocido como PIR. Así, un estudio reciente publicado por miembros del Área de Rendimiento del FC Barcelona, Jairo Vázquez-Guerrero y Martí Casals1 en la revista internacional Research in Sports Medicine, en colaboración con el investigador Jaime Sampaio del CIDESD – Universidad de Trás-os-Montes e Alto Douro (Portugal), ha dado respuesta a dos cuestiones muy importantes y sobre las que no existe todavía mucha información:

  • ¿Cuáles son las demandas físicas a lo largo de una temporada en jugadores de baloncesto de élite en función de su posición?
  • ¿Una mayor carga externa de entrenamiento se traduce en un mayor rendimiento en el partido?

Con el objetivo de responder a estas preguntas, el estudio analizó a lo largo de una temporada las demandas físicas de las sesiones de entrenamiento de un equipo de baloncesto de nivel Euroliga utilizando sensores inerciales y de posicionamiento WIMU PRO, relacionándolos a su vez con diferentes índices de rendimiento.

Mediante un análisis de clúster se clasificó el rendimiento en 3 categorías: alto, medio y bajo. De igual manera se hizo con la carga de trabajo dividiéndola también en 3 categorías: alta, intermedia y baja. Además, se llevaron a cabo sub-análisis en función de la posición de juego con el objetivo de poder analizar la relación entre demandas físicas y el rendimiento:

  • Base y escolta
  • Alero
  • Ala-pívot y pívot

A través de un análisis de correspondencia, tal y como se puede ver en la figura 1a (bases y escoltas), un peor rendimiento se relacionó con una carga media (ya que se encuentran en el mismo cuadrante). Por otro lado, también hubo correspondencia entre una carga de trabajo baja y un rendimiento medio. En cambio, tal y como reflejan que se encuentren en cuadrantes separados, se halló que un rendimiento alto y cargas de trabajo elevadas eran independientes a otras categorías (se ubican solas en sus cuadrantes). Es decir, no se encontró relación entre una mayor carga de trabajo y un mayor rendimiento para bases y escoltas.

Figura 1. Análisis de correspondencia entre la carga del entrenamiento y el rendimiento por posiciones.1

Si analizamos los cuadrantes en el panel de los aleros, figura 1b, se encontró relación entre cargas de trabajo bajas y un mejor rendimiento y entre cargas de trabajo intermedias y rendimiento medio. Por otro lado, cargas elevadas se asociaron con un peor rendimiento. En esencia, estos datos sugieren que, en los aleros, una de las posiciones más versátiles del baloncesto, un peor rendimiento se relaciona con mayores cargas de trabajo. Por último, a pesar de que la relación en la figura 1c es menos clara, cargas de trabajo elevadas no se asociaron con un mejor rendimiento.

A pesar de que los resultados analizados son de un solo equipo y, por lo tanto, no se pueden extrapolar de manera genérica, permiten reflexionar sobre si la cuantificación e interpretación de las demandas físicas de forma aislada sin tener en cuenta otros aspectos como la táctica, la técnica, aspectos emotivo volitivos… es suficiente para entender mejor el rendimiento durante la competición… Así, según los autores del estudio, “estos resultados permiten reflexionar sobre la necesidad de utilizar mayores cargas de entrenamiento durante el período competitivo, así como la utilidad de la cuantificación de la carga de entrenamiento para ‘predecir’ el rendimiento en el partido. En este sentido, se abre un buen camino para buscar variables que puedan incorporar los modelos actuales de monitorización del rendimiento en el juego”.

 

Conclusiones

Este estudio sugiere que la relación entre la carga externa de entrenamiento y el rendimiento en partidos varía en función de la posición de los jugadores, además de que no existe asociación entre una mayor carga externa y un mejor rendimiento. Por ello, según los autores “el cuerpo técnico debería ser consciente de que los jugadores necesitan un estímulo físico suficiente para soportar adecuadamente las demandas de la competición; sin embargo, después de superar ciertos umbrales según la posición, los aumentos adicionales en la carga podrían no conducir a un mejor rendimiento en el partido”. Más no siempre parece ser mejor. Por lo tanto, a pesar de su importancia, la interpretación de la carga externa debe complementarse con medidas adicionales (y válidas) que puedan se traducidas al rendimiento del partido.

 

Adrián Castillo García

 

Referencias:

  1. Vázquez-Guerrero, J., Casals, M., Corral-López, J. & Sampaio, J. Higher training workloads do not correspond to the best performances of elite basketball players. Res. Sport. Med. 1–13 (2020) doi:10.1080/15438627.2020.1795662.
  2. Berri, D. & Schmidt, M. Stumbling on wins: Two economists expose the pitfalls on the road to victory in professional sports. (PH Professional Business, 2010).

 

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