11 julio, 2019

LOS DESAFÍOS MÉDICOS DEL FÚTBOL FEMENINO

Salud y Bienestar
Medical services and wellness
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La relación entre salud y rendimiento deportivo es tan estrecha que no se concibe el deporte de élite sin la supervisión directa de los médicos especializados. Esa relación se hace todavía más estrecha conforme aumentan las exigencias competitivas, como en el caso del primer equipo femenino del F.C. Barcelona: la participación en más torneos y la disputa de más partidos durante la temporada suponen un mayor reto para el departamento médico. El fútbol femenino tiene sus propias necesidades médicas, que en ciertos ámbitos son diferentes a las del fútbol masculino, pero esas necesidades no siempre van acompañadas de un cuerpo suficiente de publicaciones científicas. La literatura de investigación médica dirigida de manera específica al fútbol femenino incluye menos trabajos de investigación médica que los realizados en torno al fútbol masculino, pero también menos que los realizados en torno a otros deportes femeninos.

La Dra. Eva Ferrer, médica del primer equipo femenino del F.C. Barcelona, nos señala los tres ámbitos específicos más relevantes: los efectos del ciclo menstrual sobre la competición de alto rendimiento, la alta prevalencia de las roturas de ligamento cruzado en mujeres, y la llamada «triada de la deportista».

El conocimiento del ciclo menstrual y sus efectos sobre la fisiología individual de cada jugadora es fundamental. Dichos efectos no son iguales en todas las mujeres; tampoco son iguales en las deportistas de élite que en aquellas mujeres que practican deporte a nivel aficionado. Por ejemplo, los estudios muestran que la práctica cotidiana de algún ejercicio físico suele reducir los síntomas del síndrome premenstrual en deportistas aficionadas, pero en el entorno de élite la exigencia competitiva es tan alta que podrían producirse alteraciones en la respuesta de las hormonas reproductivas. La literatura científica sobre la respuesta de la fisiología femenina a la actividad física de alto rendimiento todavía está en desarrollo; se han publicado estudios genéricos y también sobre algunos otros deportes, en especial disciplinas individuales, pero pocos estudios en torno al fútbol femenino. Por ello, es particularmente relevante la obtención de información sobre la evolución fisiológica de cada una de las jugadoras, así como el que todas ellas comprendan la importancia de mantener un ciclo menstrual regular.

La «triada de la deportista» es un conjunto de problemáticas orgánicas que pueden afectar a mujeres que practican deporte de alto rendimiento. El concepto clásico incluye trastornos alimentarios, amenorrea (interrupción del ciclo menstrual) y osteoporosis (baja densidad mineral de los huesos), aunque en la actualidad se ha empezado a emplear un concepto más evolucionado llamado REDS o Deficiencia Energética Relativa en el Deporte. Según el modelo REDS, la antigua triada puede ser explicada por una insuficiente ingesta de nutrientes con relación a la intensidad y cantidad del entrenamiento, déficit que puede producirse si la deportista no se nutre como su actividad física requiere, o si realiza esa actividad en grado excesivo y superior al recomendable. También en este campo se encuentra el fútbol femenino con poca literatura científica en la que apoyarse; los estudios publicados han abordado esta problemática en corredoras, nadadoras o gimnastas, pero no existen estudios que ahonden en la prevalencia del REDS en las futbolistas. La Dra. Ferrer confirma que no se han detectado en el club casos de baja densidad ósea, pero que nunca puede descartarse que, dadas las condiciones de la alta competición, pueda llegar a darse.

Más preocupante es la elevada incidencia de la rotura de ligamento cruzado. Esta lesión de rodilla, que se cuenta entre las más graves que pueden producirse durante la práctica del fútbol de alto nivel, se produce con mucha mayor frecuencia en mujeres que en varones. Semejante disparidad está relacionada con las características propias de la anatomía femenina. Las mujeres tienen caderas más bajas y pelvis más anchas, lo cual influye en el «ángulo Q», grado de alineación entre fémur y tibia: a mayor ángulo Q, menor alineación entre ambos huesos y mayor tensión sobre las rodillas. Esto conlleva apoyos diferentes a la hora de ejecutar ciertos movimientos y técnicas futbolísticas, lo cual podría castigar más los ligamentos. Además, el diámetro del ligamento es inferior en las mujeres y su laxitud durante cierta etapa del ciclo menstrual puede volverlo más susceptible a la rotura. Al contrario de lo que sucede con el estudio del ciclo menstrual y la REDS, sí existe un adecuado cuerpo de publicaciones científicas sobre las lesiones del ligamento en las jugadoras, demostración de que es un tema que preocupa mucho, ya que esta lesión puede dejar fuera de juego a una jugadora durante toda una temporada.

La FIFA tiene programas de entrenamiento, por ejemplo el 11+, diseñados para intentar prevenir este tipo de lesiones, pero la alta prevalencia de las roturas de ligamento incide sobre otra de las necesidades del fútbol femenino: el desarrollo de programas de entrenamiento específicos que no sean heredados de los programas desarrollados para equipos masculinos. La mayor parte de los datos de referencia que la literatura técnica ha acumulado han sido obtenidos de jugadores varones, y los protocolos de entrenamiento existentes siguen parámetros pensados para los varones. Los departamentos técnicos de los equipos femeninos han de adaptar esos protocolos con la dificultad añadida de que, debido a la escasez de datos de referencia femeninos, no hay completa seguridad de que se está trabajando estrictamente dentro de los márgenes idóneos. Resulta crucial, pues, recopilar datos de las propias jugadoras para no tener que recurrir a las referencias masculinas. Es lo que hace el equipo femenino del F.C. Barcelona, donde se trabaja con tests realizados en pretemporada, en plena temporada y al final de temporada; la idea es acumular datos de la evolución en el rendimiento, así como el seguimiento de lesiones. Una vez completada la temporada, todos estos datos permiten mejorar la adaptación de los protocolos que originalmente se habían desarrollado en base a referencias masculinas, reconstruyéndolos con datos personalizados extraídos de las propias jugadoras del equipo.

 

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