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31 diciembre, 2019

LA FORMACIÓN CONTINUA DEL FUTBOLISTA, A DEBATE EN EL BIH

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En el marco del Barça Football Coach Summit, los entrenadores Nenad Bjelica (Dinamo de Zagreb), Franc Artiga (FC Barcelona Juvenil A), Juan Carlos Unzué (ex Girona FC), Jagoba Arrasate (CA Osasuna) Michel Sánchez (SD Huesca) y Lluis Cortés (FC Barcelona femenino) han debatido sobre las posibilidades y margen de mejora que tiene el jugador de fútbol profesional durante su carrera.

El técnico croata abrió la charla refiriéndose a los datos constatables para percibir la mejora de los jugadores. La cotización de su equipo, explicó, se ha incrementado en cien millones de euros en los últimos años. Una cotización que se ha logrado aplicando su sistema de trabajo basado en 14 puntos que abarcan todas las facetas del grupo humano que tiene asignado.

Inculcar un modelo

Sobre los conceptos deportivos, Bjelica admitió que, durante el año, con un partido cada tres días, no puede inocular su idea y automatismos de juego a la plantilla. Por eso, todas las nociones de su filosofía las transmite en la pretemporada, donde no hay un solo ejercicio, ni siquiera la carrera continua, que se realice sin balón. Sin embargo, para muchos jugadores, según le confesaron, estos stages veraniegos fueron los más duros de su carrera.

El resto de la temporada, la posibilidad de mejorar, siguió el entrenador del Dinamo de Zagreb, pasa por cuidar el factor humano. La motivación de la plantilla la mantiene con rotaciones asignando un protagonismo a la mayor parte de jugadores repartido en las tres competiciones que afronta. De esta manera, en el trato personal, logra algo que aprendió de Ginés Meléndez en el Albacete, tener al jugador siempre “en deuda” con él. No hay vía más rápida, concluyó, para que un futbolista esté “centrado y disciplinado” y, ahora en palabras de Miguel Ángel Lotina, sobre el césped ponga en práctica “no hacer cosas excepcionales, sino hacer las simples perfectamente”.

 

Desde las categorías inferiores

Franc Artiga afrontó la cuestión desde el ángulo de las categorías formativas, donde más importante es que el jugador mejore antes de convertirse en profesional. De hecho, reconoció que cuando vuelve a encontrarse con sus pupilos años después todos le recuerdan detalles que aprendieron a sus órdenes en lugar de los trofeos que ganaron, algo que, por otra parte, es el objetivo permanente de este deporte a todas las edades, puntualizó.

El aspecto más importante para la instrucción y progreso del futbolista que explicó fueron los ejercicios de entrenamiento de Situaciones Simuladas Preferenciales. Ahí enseña a prever cuándo va a haber una pérdida o una recuperación para de manera interiorizada posicionarse, esto es, en sus propias palabras, “aprender a vivir el partido”.

 

Comunicación con la plantilla

Juan Carlos Unzué se centró en cómo se transmiten a un jugador los códigos necesarios para su mejora. Desde su experiencia que, además de entrenador de Girona, Celta de Vigo y Numancia, también fue asistente de Frank Rijkaard y segundo de Pep Guardiola y Luis Enrique en el FC Barcelona, aseguró que lo más difícil para el entrenador es “que le hagan caso”.

Sin embargo, esa es su principal función. El entrenador es, dijo, “un facilitador de información para ser más efectivos y dominar más el juego”. En ese papel, tan importante es acertar cuando se dan unas instrucciones precisas y el jugador ve que funcionan, como no interferir cuando se crean sinergias positivas entre los propios jugadores, aunque modifiquen la idea original o el esquema favorito del técnico.

En esta faceta, subrayó la impresión que le causó ser testigo de los métodos de Johan Cruyff, a cuyas órdenes estuvo entre 1988 y 1991. El entrenador holandés en charlas individuales, reveló, era capaz de convencer a un jugador de que era útil al equipo solamente permaneciendo quieto sin balón en un lugar determinado del campo. Si se tiene un buen discurso, como era el caso del holandés, el futbolista, aunque sea de los mejores del mundo, seguirá las instrucciones porque es el primero que entiende que si mejora logrará también sus objetivos individuales, sentenció.

 

Caso práctico

Un ejemplo de mejora y desarrollo de un jugador ya formado lo aportó Arrasate. El técnico de Osasuna comentó los pormenores de la gestión del delantero centro titular de su equipo, el argentino Chimy Ávila. Para el entrenador fue importante desde la impresión inicial que le dio la persona cuando habló con él por teléfono en el primer contacto, así como ver con quién se relaciona de la plantilla, cómo vive, su adaptación a la ciudad y la influencia que ejercen los que le rodean, ya sean la familia o los representantes, siempre impacientes por la revalorización de su cliente, apuntó.

Sobre el juego, aseguró que hasta que no lo vio él entrenar día a día no pudo formarse una opinión completa del potencial del futbolista independientemente de todos los vídeos e informes que ya había estudiado. En este punto, aunque el rendimiento pueda ser óptimo, admitió, “no nos podemos conformar”. En este caso concreto, empleó el sueño del jugador de debutar con la albiceleste para plantearle retos. Con ese objetivo, “era más receptivo” y se pudo desarrollar un trabajo técnico extraordinario además de replantearle sus decisiones durante el juego. Como señaló en este caso específico, “a los delanteros les cuesta ver el beneficio para los otros”. Para todo este proceso, finalizó, hay una palabra clave de principio a fin: “empatía”.

 

Trabajar el compromiso

Más allá de la motivación, Michel Sánchez explicó cómo trabaja la cohesión del grupo. De entrada, la plantilla se estructura en círculo, no en una pirámide jerarquizada. Esto quiere decir, añadió, que desde los utileros a los técnicos y por supuesto los jugadores están todos en el mismo plano. Aun a riesgo de que ese planteamiento degenere en un exceso de confianza, Michel apuesta por él porque cree en la relación “de tú a tú”, el feedback entre entrenador y jugador. Su principio fundamental para que funcione es no engañar nunca a un jugador y procurar que ninguna corrección se interprete como recriminación.

En las facetas técnicas, recordó lo más elemental: que el fútbol es un juego. Por eso no hay más secreto para que los futbolistas rindan que lograr que al jugar se diviertan y aprendan. Bajo esta premisa, el futbolista no es que pueda mejorar, sino que “debe hacerlo”. Modificar continuamente su rendimiento, en el largo plazo, Michel entiende que no da problemas si se ha conseguido que el deportista haya entendido que de esa manera está mejorando él y la plantilla con él.

 

Matices del fútbol femenino

Lluis Cortés rechazó que haya una oposición entre los conceptos de ganar y formar. Desde su experiencia, no hay otra forma de ganar que no pase por formar. En su situación, no obstante, para lograr esta mejora con mujeres se enfrenta a unos retos diferentes a los que presenta el fútbol masculino.

En primer lugar, enumeró, las chicas han empezado a jugar al fútbol de media más tarde que los hombres. Los técnicos que las han ido formando, confesó, han sido en muchas ocasiones los que no han encontrado equipos masculinos, es decir, los de menos nivel. Por otra parte, cuando ellas llegan a profesionales se encuentran en competiciones de gran desigualdad. En categorías inferiores, las jugadoras top no han experimentado la exigencia competitiva.

Al mismo tiempo, ha recordado que la mujer es diferente psicológica y fisiológicamente. En los pros, cuenta con un capital humano que por norma se forma de jugadoras más obedientes, más predispuestas y más agradecidas. En este clima, ha sido posible establecer una comunicación para corregir errores y reforzar los aciertos usando como herramienta una aplicación en la que todas sus jugadoras pueden opinar.

 

Autonomía, creatividad y competición

Por último, en una mesa redonda, los entrenadores discutieron diversos aspectos técnicos a los que se enfrentan en el día a día. El más destacado fue la gestión del talento en el grupo y si los futbolistas más creativos merecen una exigencia más laxa en determinadas fases del juego. Bjelica reconoció que a veces hay que “taparse los ojos” con los futbolistas más talentosos para que “hagan cosas especiales”.

Arrasate y Michel, sin embargo, discreparon. Para el primero, la creatividad “es algo muy relativo” y cree que los entrenadores valoran más otros desempeños del jugador sobre el campo que los “creativos”. Michel solo entiende que un jugador invente si lo permite el desarrollo colectivo que le habilita para intentarlo, mientras que Unzué, por su parte, recordó que en su época de jugador solo se entrenaba tácticamente la defensa, el ataque no se tocaba para “no coartar”, precisamente, la creatividad.

 

 

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