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December 31, 2021

Rendimiento

El entrenador-colaborador, entrenamientos para fomentar el aprendizaje

By Álvaro González y Xavier Damunt.

Uno de los grandes dilemas al que se enfrenta el entrenador en un contexto de máxima exigencia es el de distinguir entre las necesidades del rendimiento partido a partido y las del aprendizaje en general de una plantilla. El especialista australiano en rendimiento motor Derek Panchuk, ex de la NBA, en un artículo titulado What a good learning environment looks like?, ha tratado de encontrar un punto medio teórico para estas contingencias que se plantean tanto a corto plazo (rendimiento) como a largo (aprendizaje) y en cuyo equilibrio está la virtud.

Aprendizaje eficiente

Según Panchuk, hay que partir de la comprensión. Un buen entrenamiento se basa en entender cómo aprenden los deportistas. Puede llegar a darse el caso de entrenadores que escogen ejercicios para sus sesiones sin ningún objetivo concreto. Sin embargo, considera que nunca se debe perder el rumbo. Un entrenador tiene que introducir los cambios pertinentes después de cada partido, pero mantener siempre un plan a largo plazo. Es muy fácil que las contingencias que marque el juego en cada encuentro desvíen al entrenador de ese plan o de ese objetivo. Si bien es importante ser flexible, detalla Panchuk, es más importante conservar la coherencia. Un buen entrenador sabrá apreciar que el aprendizaje lleva tiempo y que lo que se ve en los partidos siempre es un reflejo del aprendizaje del jugador.

El pedagogo estadounidense Nicholas C. Soderstrom establece una diferencia clara entre rendimiento y aprendizaje. El ejemplo básico que pone para explicar su teoría es el de un aula en el que los alumnos aprenden a resolver un problema de matemáticas. Al día siguiente, cuando vuelven a clase, ninguno recuerda apenas nada de la lección anterior. Se puede retener muy bien lo que se explica sin llegar a aprender nada. Es una paradoja demostrada por las investigaciones que se han llevado a cabo en este campo durante décadas. El rendimiento no tiene por qué ser un indicador aproximado del aprendizaje e, incluso, pueden estar inversamente relacionados.

Los ejercicios de repetición, por ejemplo, pueden parecer una solución a corto plazo, pero no sirven para obtener una visión en perspectiva y no dotan de herramientas para resolver por uno mismo un problema que puede presentarse de formas diferentes. Para aprender de manera eficiente, Soderstrom aboga por el concepto de “dificultad deseable” de Robert Björk, es decir, por la introducción constante de nuevos retos que pongan a prueba y fijen lo aprendido. En este caso, el entrenador tiene que proporcionar a sus jugadores herramientas que sean duraderas y flexibles.

Cómo ser un entrenador más eficaz

Según la investigación Coaches’ Self-Awareness of Timing, Nature and Intent of Verbal Instructions to Athletes casi la mitad de las instrucciones de los entrenadores son prescriptivas. El motivo es obvio: funcionan. No obstante, Panchuk cree que pueden ser todavía más efectivas. Como demuestra el estudio Good-vs. poor-trial feedback in motor learning: The role of self-efficacy and intrinsic motivation across levels of task difficulty, las valoraciones positivas de una acción bien realizada mejoran más el rendimiento que los comentarios neutrales o negativos. No solo eso, el grupo del experimento que recibió los comentarios positivos, también mostró mayor puntuación en resolución y motivación.

La tesis de Panchuk es que este tipo de actitud del entrenador no solo sirve para corregir errores, sino también para obtener beneficios psicológicos. En la investigación The Effect of Self-Regulated and Experimenter-Imposed Practice Schedules on Motor Learning for Tasks of Varying Difficulty se encuentra una de las posibles explicaciones. Un 67% de personas que están aprendiendo desean recibir comentarios cuando creen que han tenido un buen rendimiento, mientras que un 73% no quieren que se les valore cuando creen que han tenido un rendimiento deficiente.

Panchuk opina que quien ha hecho bien una acción quiere un comentario positivo para averiguar qué tiene que hacer para seguir realizando bien ese ejercicio. Su propuesta es que el entrenador se autolimite en sus comentarios y que, por ejemplo, no pase de diez correcciones negativas durante un entreno o que solo lo haga después de haber señalado los aciertos. Todo se basa en establecer una relación afectiva con los jugadores.

El afecto es muy importante para el desarrollo del jugador, pero generalmente estos vínculos en el deporte actual suelen ser superficiales. Se basan en monosílabos (“bien”, “así”, “no”, etc.) y se quedan ahí. Cuando los comentarios que se le hacen al jugador son siempre los mismos o las mismas pocas palabras, pierden su significado. Hay que procurar huir de estas fórmulas repetitivas y robóticas y enriquecer la comunicación, es fundamental llenar el vacío. El silencio es lo más contraproducente que puede haber entre un jugador y su entrenador. Aparte del feedback sobre las acciones, el entrenador también puede interesarse por las sensaciones del jugador. El modelo ideal de Panchuk es el de un entrenador que pasa más tiempo observando que hablando, mide cuidadosamente lo que va a decir, invita a interactuar a los jugadores con preguntas y no se limita a dar instrucciones verbales, también pone ejemplos.

En este aspecto, la tecnología hoy juega un papel fundamental. Las posibilidades de mostrar cómo se ejecutan las acciones nunca han tenido mayor precisión y objetividad. El riesgo que se corre, no obstante, es el de desarrollar una dependencia de la tecnología. Trabajar para los datos, no para el juego.

El entrenador como colaborador

Al final el objetivo es siempre empoderar al jugador, pero es una cuestión muy delicada para los entrenadores, porque a veces suele confundirse con que actúen a su libre albedrío. De lo que se trata es de que el deportista no tenga a alguien al lado diciéndole qué es lo que hace mal, sino alguien que aporte alternativas y soluciones para que las acciones salgan bien. Un colaborador. Este especialista recomienda cuatro pasos para establecer esa relación:

  1. Involucrar a los deportistas en el proceso de aprendizaje, es decir, que identifiquen por sí mismos en qué necesitan ayuda.
  2. A la hora de ofrecer soluciones, presentar varias alternativas para que ellos puedan elegir la más adecuada a sus condiciones. No encorsetar sus acciones de forma unívoca.
  3. Permitir que ellos tomen la palabra. Después de cada ejercicio, que haya jugadores que tomen la iniciativa o el liderazgo de comentarlo.
  4. Antes de hacer comentarios valorativos, preguntar y sondear las sensaciones del jugador durante la acción.

Todo esto en un contexto en el que la información que emana de los ejercicios del entrenamiento sea la misma que en el juego. Hay que evitar en la medida de lo posible los ejercicios que no reflejan acciones naturales del juego. Por ejemplo, si un jugador se aleja del balón, que no sea por acciones que no existirían en un partido, sino que sea por un desmarque. Aunque hay que tener en cuenta que para potenciar la creatividad o el desarrollo de las acciones motrices a veces es conveniente crear dificultades ajenas al juego.

Para que exista un aprendizaje continuado y a largo plazo, durante el entrenamiento el jugador también debe completar siempre que sea posible el ciclo de sensación-acción. Si percibe que puede realizar algo dentro de las reglas del juego, tiene que poder llevarlo a término. En este aspecto, por ejemplo, son perjudiciales las interrupciones, como parar un ejercicio en las recuperaciones de balón.

Por lo tanto, el entrenamiento tiene que estar basado en la práctica de la cooperación-oposición dentro de un espacio compartido. Ese modelo es el más representativo posible, y cuando se necesita optimizar el autoconocimiento del jugador en acciones concretas, los cambios que se introduzcan harán que el entrenamiento sea menos representativo. Sin embargo, es fundamental entender que la representatividad de un entrenamiento y su proximidad a la realidad del juego no es lo mismo. No hay recetas infalibles para modular estos parámetros, pero dar con el equilibrio adecuado generará un contexto favorable para la formación de los jugadores.

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