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26 julio, 2019

EL CEREBRO DIFICULTA NUESTRO DESCANSO LA PRIMERA NOCHE FUERA, Y PODEMOS IMPEDÍRSELO

Salud y Bienestar
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La sensación de despertar menos descansado tras la primera noche que dormimos fuera es habitual, y tradicionalmente se había atribuido a factores sicológicos, o al cansancio acumulado del viaje durante el día anterior. Este fenómeno es definido como Efecto Primera Noche o FNE por sus siglas en inglés, y ahora se sabe que el origen del cansancio está en el cerebro, debido a un hábito adquirido, probablemente, en el curso de nuestra evolución. Aplicando técnicas de neuroimagen y estudios del sueño, el departamento de ciencias cognitivas, lingüísticas y sicológicas de la Universidad de Brown, en Estados Unidos, demostró que una mitad de nuestro cerebro se mantiene alerta esa primera noche, provocando que el sueño sea menos profundo. Por eso, la posibilidad de sufrir despertares nocturnos es mucho mayor y repercute, por tanto, en nuestro descanso.

 

Los científicos se inspiraron para su investigación en la evidencia de que algunos mamíferos marinos y ciertas especies de aves cuentan con un mecanismo destinado a reducir los riesgos de ser atacados por depredadores durante el sueño. Considerando esto, era posible que el FNE fuese parte de un mecanismo similar en humanos. Los experimentos demostraron que el primer día que una persona duerme en un entorno que no le es familiar, uno de sus hemisferios cerebrales, habitualmente el izquierdo, permanece más alerta de lo habitual. También la conexión entre ambos hemisferios está más activa, para facilitar un despertar rápido en caso de peligro. Esto tiene dos efectos contraproducentes en nuestro descanso. El primero, que nos mantiene mucho más atentos a los estímulos visuales y sonoros que se producen a nuestro alrededor. O lo que es lo mismo, que la más mínima luz o ruido pueden interrumpir la fase de sueño en que nos encontramos, impedir que sea más profundo, e incluso despertarnos. El segundo efecto lo percibiremos nada más meternos en la cama, en forma de cierta sensación de nerviosismo, provocada por la necesidad cerebral de mantenernos alerta. Nos costará mucho más conciliar el sueño. Ambas sensaciones son bien conocidas por deportistas que tienen que viajar a menudo para librar encuentros. En el caso de primeros equipos, sus preparadores les hacen viajar días antes, pero con el objetivo de reducir el efecto del cambio horario, si lo hay. Puede que además deba considerarse incorporar en un futuro como práctica dormir dos noches, en vez de una, fuera, a fin de reducir el efecto FNE o desplazarse el mismo día del encuentro.

 

En lo que afecta a deportistas obligados a desempeñarse al máximo de sus capacidades después de un viaje, esta es una de las aportaciones clave del estudio. Se descubrió que la alerta FNE se reduce drásticamente, incluso llega a desaparecer, en la segunda noche en que volvemos a dormir en ese entorno que no nos era familiar. Como si el cerebro eliminara su alarma tras haber comprobado que el sitio es seguro. Pero la pregunta para el preparador es qué hacer cuando el equipo tiene que trasladarse y pasar esa primera noche en otro lugar antes de librar su encuentro. Sin que haya opción de dormir fuera dos días. Es evidente que los deportistas sufrirán el FNE, y que ello mermará su rendimiento.

No puede eliminarse el hábito adquirido en nuestra evolución como humanos, pero tal como afirma la autora principal del trabajo de investigación, Yuka Sasaki, la plasticidad de nuestro cerebro permite emplear recursos que apaguen parcialmente su sistema de vigilancia.

 

Sasaki sugiere como opción escoger siempre el mismo tipo de hotel o cadena de hoteles, para que la decoración de sus habitaciones nos haga sentir en un entorno familiar. Una reflexión interesante para los entrenadores cuando trasladan a sus equipos y quieren disminuir el efecto FNE. Y que puede reforzarse con las recomendaciones recogidas en la Guía del Sueño, y elaboradas por los especialistas del Barça en colaboración con  AdSalutem Institute para los jóvenes que se entrenan en el club. Hay que prestar especial atención a ruidos y luces, ya que esa primera noche se está más atento a percibirlos. Como medida adicional para reducir el efecto FNE debe cuidarse la temperatura de la habitación y mantenerla entre 18 y 22ºC, a fin de que el cuerpo no tenga que hacer esfuerzos adicionales para calentarse o refrigerarse. Una ducha con agua templada para rebajar la temperatura corporal ayudará a conciliar el sueño más rápidamente. Es recomendable aconsejar a los deportistas que lleven su propia almohada, porque supondrá un refuerzo positivo, útil para asociar el lugar nuevo en que duermen con su habitación de descanso habitual. Esa noche será igualmente imprescindible que realicen una técnica de relajación y respiración, preferiblemente cuando se hayan tendido en sus camas, pues será más fácil que se queden dormidos practicándola y así sus cerebros habrán recibido la orden de permanecer tranquilos.

 

Dado que el estudio demostró la flexibilidad y capacidad del cerebro humano para adaptarse a nuevas situaciones, tal vez eliminar el FNE sea solo cuestión de entrenamiento, empleo de técnicas adecuadas, y voluntad.

 

 

 Referencias

“Night Watch in One Brain Hemisphere during Sleep Associated with the First-Night Effect in Humans” Masako Tamaki, Ji Won Bang, Takeo Watanabe, and Yuka Sasaki.

 

*Este artículo forma parte de una serie destinada a los jóvenes deportistas y sus preparadores. Con un doble enfoque, dar a conocer las últimas investigaciones sobre el sueño y proporcionar recursos para reforzar o modificar conductas. Un esfuerzo más del Barça Innovation Hub en colaboración con AdSalutem Institute y Allianz por ayudar a esa parte del entrenamiento invisible, que se complementa con la Guía del Sueño, elaborada para los jóvenes deportistas del club.

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