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enero 18, 2022

Medicina

Efectos del ejercicio en la función inmune, ¿un arma de doble filo?

By Pedro L. Valenzuela.

Que el ejercicio es beneficioso para nuestra salud es algo que ya nadie pone en duda. Además, estos beneficios son multi-sistémicos, lo que quiere decir que afectan de forma coordinada a los numerosos sistemas de nuestro organismo (ej., cardiovascular, musculo-esquelético, etc.). Uno de estos sistemas es el sistema inmune, dividido a su vez, de forma resumida, en sistema inmune innato y sistema inmune adaptativo. Estos sistemas son los encargados de protegernos de infecciones – entre otras muchas funciones –, y su relevancia ha quedado más que patente ante la epidemia de COVID-19. Pero, ¿cómo afecta el ejercicio a nuestro sistema inmune?

Beneficios del ejercicio en el sistema inmune

Existe una amplia evidencia de que realizar ejercicio de forma regular fortalece nuestro sistema inmune.1 Por ejemplo, diversos estudios han mostrado que la citotoxicidad (es decir, la capacidad para “atacar” agentes extraños) de las células Natural Killer (NK, unas de los principales protagonistas del sistema inmune innato) es mayor en deportistas que en personas sedentarias o no entrenadas.2,3 De hecho, participar en un programa de entrenamiento progresivo (por ejemplo, 4 semanas realizando ejercicio aeróbico continuo a moderada intensidad seguido de 4 semanas de entrenamiento interválico de alta intensidad o HIIT) ha mostrado aumentar tanto el número como la actividad de dichas células,4 lo cual resultaría en un sistema inmune más fuerte. Además, las personas entrenadas también parecen tener un sistema adaptativo más eficaz, lo cual queda patente por ejemplo tras una vacuna. Así, un reciente estudio mostró que los deportistas de élite presentan tanto una mayor respuesta celular (mayor aumento de células T) como de anticuerpos tras ser vacunados de la gripe,5 lo cual podría tener especial relevancia ante un tema de actualidad como es la vacunación contra el COVID-19.

¿Puede ser el ejercicio perjudicial para el sistema inmune?

Por lo tanto, no cabe duda de que el ejercicio es beneficioso para el sistema inmune. Sin embargo, tradicionalmente se ha defendido que el ejercicio realizado de forma extenuante (especialmente el ejercicio intenso y de larga duración) podría provocar cierta inmunosupresión, es decir, una mayor debilidad del sistema inmune con la consiguiente susceptibilidad a infecciones. Así, por ejemplo, un estudio que incluyó muestras de más de 2000 deportistas observó que los deportistas que realizaban un mayor volumen de entrenamiento aeróbico, como los ciclistas y los triatletas, presentaban un menor número de glóbulos blancos (células encargadas de la defensa ante procesos inflamatorios) que otros deportistas.6 De hecho, un 16% de estos deportistas presentaron valores por debajo de los de referencia.6 Además, dado que el ejercicio extenuante provoca de forma aguda (1-2 horas tras el mismo) una disminución transitoria de diversas células inmunitarias (ej. linfocitos T) a nivel sanguíneo, son muchos los que apoyan la denominada “ventana abierta” post-ejercicio, es decir, un proceso de inmunosupresión que aumentaría el riesgo de infecciones inmediatamente después a realizar ejercicio físico. De hecho, algunos estudios han observado una mayor prevalencia de infecciones (sobre todo respiratorias como la bronquitis) en deportistas de resistencia en comparación con la población general,7 lo cual podría deberse potencialmente a un sistema inmune debilitado por las altas cargas de entrenamiento.

Por lo tanto, son muchos los que proponen que la relación entre el ejercicio y la salud del sistema inmune podría seguir una forma de “J”, siendo el entrenamiento a intensidades/duraciones moderadas beneficioso, mientras que el ejercicio extenuante podría ser perjudicial para dicho sistema. Es importante mencionar, no obstante, que existe mucha controversia al respecto. Así, evidencia más reciente sugiere que el ejercicio no provoca la llamada “ventana abierta”, sino que la reducción a nivel sanguíneo de células inmunitarias se debe a que dichas células se trasladan desde la sangre hacia tejidos periféricos en los que son más importantes en ese momento, como pueden ser las mucosas (Figura 1).8,9 De forma similar, existe controversia también con respecto a la mayor susceptibilidad a infecciones en deportistas en comparación con la población general, ya que otros factores ajenos al ejercicio en sí como pueden ser asistir a lugares masificados de público (ej. estadios), la nutrición, el estrés, los viajes o el sueño podrían afectar también a dicho riesgo.9 Son, por lo tanto, necesarios más estudios que confirmen si el ejercicio físico, especialmente cuando es excesivamente fatigante, puede provocar un proceso de inmunosupresión que aumente el riesgo de infecciones.

Figura 1. El ejercicio intenso y prolongado provoca un estado de lifocitopenia (reducción del número de linfocitos en sangre) en las horas posteriores al ejercicio, lo cuál se ha propuesto que podría asociarse a una mayor susceptibilidad a infecciones. Sin embargo, estudios recientes sugieren que dicha reducción de linfocitos en sangre se debe a que estos se desplazan a tejidos periféricos (ej., mucosas) en los que podrían tener una mayor relevancia en ese momento. Figura obtenida de Simpson et al. 9

Conclusiones

Realizar ejercicio de forma regular supone enormes beneficios para nuestro sistema inmune, haciéndonos así más resistentes ante posibles infecciones. Por el contrario, existe controversia con respecto a si realizar ejercicio intenso de forma prolongada podría reducir de forma aguda y transitoria nuestras defensas, aunque estudios recientes ponen en duda dicha hipótesis. Puede ser, por lo tanto, necesario adaptar las cargas de trabajo para mantener nuestro sistema inmune en las mejores condiciones, pero sobre todo es conveniente evitar agentes estresantes más allá del ejercicio que también pueden debilitar el sistema inmune (ej. ambientes extremos, grandes acumulaciones de personas, estrés, falta de sueño, nutrición inadecuada).

Referencias

  1. Walsh NP, Gleeson M, Shephard RJ, et al. Position statement. Part one: Immune function and exercise. Exerc Immunol Rev. 2011;17:6-63.
  2. Nieman DC, Buckley KS, Henson DA, et al. Immune function in marathon runners versus sedentary controls. Med Sci Sports Exerc. 1995;27(7):986-992. doi:10.1249/00005768-199507000-00006
  3. Nieman DC, Nehlsen-Cannarella SL, Fagoaga OR, et al. Immune function in female elite rowers and non-athletes. Br J Sports Med. 2000;34(3):181-187. doi:10.1136/bjsm.34.3.181
  4. Llavero F, Alejo L, FIuza-Luces C, et al. Exercise training effects on natural killer cells: a preliminary proteomics and systems biology approach. Exerc Immunol Rev. 2020;In press.
  5. Ledo A, Schub D, Ziller C, et al. Elite athletes on regular training show more pronounced induction of vaccine-specific T-cells and antibodies after tetravalent influenza vaccination than controls. Brain Behav Immun. 2020;83:135-145. doi:10.1016/j.bbi.2019.09.024
  6. Horn PL, Pyne DB, Hopkins WG, Barnes CJ. Lower white blood cell counts in elite athletes training for highly aerobic sports. Eur J Appl Physiol. 2010;110(5):925-932. doi:10.1007/s00421-010-1573-9
  7. Harris MD. Infectious disease in athletes. Curr Sports Med Rep. 2011;10(2):84-89. doi:10.1249/JSR.0b013e3182142381
  8. Campbell JP, Turner JE. Debunking the Myth of Exercise-Induced Immune Suppression: Redefining the Impact of Exercise on Immunological Health Across the Lifespan. Front Immunol. 2018;9:648. doi:10.3389/fimmu.2018.00648
  9. Simpson RJ, Campbell JP, Gleeson M, et al. Can exercise affect immune function to increase susceptibility to infection? Exerc Immunol Rev. 2020;26:8-22.

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