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febrero 11, 2022

Marketing, Comunicación y Management

Cuántas localidades y de qué tipo necesita un estadio

By Barça Innovation Hub.

Qué garantiza más el éxito de un estadio, una arquitectura espectacular o una bien adaptada al plan de negocio. Es la discusión eterna entre gestores de clubs, arquitectos y project managers de estadios. La espectacularidad de las fachadas suele acaparar fotografías, vídeos y una gran presencia en internet. Puede contribuir también a la imagen de éxito y modernidad de cualquier equipo. Pero no es una garantía de éxito. Especialmente si no se presta atención al resto del diseño arquitectónico.

La arquitectura del estadio tiene que encajar como un guante en la línea de generación de ingresos y adaptarse al modelo de explotación, puro o mixto, elegido por el club:

  • de deporte en vivo;
  • de eventos -como conciertos musicales y campeonatos de otros deportes-;
  • de negocios o corporate -para acoger actos de empresa-;
  • y de ocio y entretenimiento, con centros comerciales y afines.

Project Manager, una figura esencial

En un mundo ideal, a la hora de abordar la construcción desde cero o la renovación, el arquitecto recibiría un briefing con el plan de negocio y el modelo de estadio a realizar. Se adaptaría a él para crear un proyecto adecuado, destinado a recuperar la inversión y perdurar en el tiempo. Pero no siempre ocurre así.

Uno de los obstáculos habituales para conseguirlo es la ausencia de una figura importante, el project manager de estadios. Esta especialización está plenamente integrada en los estudios de arquitectura estadounidenses, donde aconsejan al arquitecto principal. Es la principal razón por la que en este país apenas exista el fenómeno del elefante blanco, el estadio que nunca recupera su inversión porque suele ser infrautilizado o no se adapta al entorno pasada la competición para la que fue erigido. Pero en el resto de países esta figura profesional está menos implantada, y a menudo opera como un asesor externo. Ello hace que su peso en las decisiones sea menor y facilita que muchos gestores queden deslumbrados por la estética de la propuesta arquitectónica, olvidando atender al resto de características para garantizarse recuperar el coste de su inversión.

El estadio olímpico de Tokyo 2020 es un claro ejemplo. La arquitecta Zaha Hadid ganó el concurso internacional con una propuesta espectacular que acabó triplicando los costes iniciales previstos. Cuando el comité organizador decidió replantearlo desde cero, tomó una decisión valiente que asegura un legado útil para los próximos cincuenta o cien años. Menos atractivo, pero también con más posibilidades de servir como legado útil y rentable a la ciudad de Tokyo. Y, muy importante, con muchas menos localidades. De las 80.000 proyectadas inicialmente se pasó a 65.000.

La importancia del número y tipo de asientos

La ausencia de un estudio concienzudo del número de asientos a incluir en un estadio es un error común. Y aunque se haga muy patente en los legados olímpicos, puede darse también en clubs deportivos. Es lo que le ocurrió al Juventus de Turín con su nuevo estadio de los años noventa, erigido con 70.000 plazas que nunca conseguían llenar. Esto daba la permanente impresión de que el equipo no tenía suficiente atractivo para atraer aficionados a sus encuentros. El club decidió derribarlo por completo y erigir en su lugar uno de 41.000 localidades. Hoy gracias a ello consigue llenos del 90%, una gran atmósfera interior y una imagen ganadora de club y de equipo.

Pero calcular bien el número de asientos no garantiza el éxito si se pierde la atmósfera interior. Así ha ocurrido en el Matmut Atlantic de Burdeos. Su atractivo proyecto arquitectónico, un bosque de columnas completamente abierto, está inspirado en el cercano bosque de las Landas, el más grande de Europa Occidental y símbolo de la región. Una maravilla arquitectónica de cuyo interior ha desaparecido el cálido ambiente del antiguo estadio, que daba fama a la afición del FC Girondins, una de las más entregadas de Francia. En este caso el problema no es el aumento de la capacidad en diez mil asientos, que sí llenan, sino el haber atendido únicamente al atractivo exterior. Hoy ni con el estadio lleno se consigue transmitir la calidez y pasión de sus aficionados.

Una vez elegido el número adecuado de localidades resulta fundamental elegir su tipo. Las premium y club pueden generar importantes ingresos frente a la entrada de grada, e incluso determinar la viabilidad financiera de un proyecto. Dentro del plan de negocio debe existir un estudio profundo de los perfiles que acuden al estadio, cuántos hay de cada tipología, y qué demandan. A fin de darles no solo espacio, sino una experiencia a la altura, en cantidad y características suficientes. Para conseguirlo, la colaboración entre arquitecto y project manager es fundamental. Y ha abierto una nueva tendencia en Estados Unidos: los estadios asimétricos.

En este plano del estadio de los Minnesota Vikings (NFL), U.S. Bank Stadium, se aprecia bien la asimetría de sus esquinas, pensada para evitar localidades ciegas o de baja visibilidad.

Estadios asimétricos

La forma asimétrica viene determinada por la disposición de las gradas en las esquinas. Para evitar puntos de visión ciegos o de menor calidad, se disponen graderíos en trapecios irregulares, que además son diferentes en ambos fondos. Así ocurre en el Mercedes Benz de Atlanta y en el U.S. Bank de Mineápolis. En estos estadios los precios de localidad en grada vienen determinados por la distancia al campo, pero no por la peor calidad de la visión, logrando mayores ingresos por ticketing. Además, ese aprovechamiento de fondos para la oferta normal permite dedicar más espacio a la premium en las gradas centrales, aprovechando hasta el último asiento.

Mapa virtual del Mercedes Benz Stadium. En gris oscuro, localidades premium. En gris claro, «founders» -premium vip-. Este espacio restado a las gradas no reduce el número de localidades estándar, porque se garantiza la visibilidad en fondos y esquinas. La asimetría es significativa si comparamos los segmentos 101 a 103 con los 117 a 121.

No existe una fórmula para acertar con el número y tipo de localidades de un estadio. Siempre hay que calcularlo individualmente, en función del plan de negocio del estadio, el lugar en el que está ubicado y las características del público que acudirá a él. Y es lógico, porque esa es la base de la construcción y reforma de estadios: hacer de cada uno de ellos un espacio único. No hay mayor garantía de éxito a futuro. Y no existen fórmulas.

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