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marzo 25, 2022

Tecnología & Innovación

Cómo los nuevos estadios mejoran el sonido basándose en el rock

Matt Clifford es teclista en los Rolling Stones y arreglista de los himnos de la UEFA, entre ellos el de la Champions League de 2012. Cuando empezó a trabajar para el fútbol europeo era un perfecto conocedor de la acústica de los estadios y venía de hacer giras mundiales con los Stones. Como ha explicado en entrevistas, hay muchos paralelismos entre los conciertos y los eventos deportivos en grandes recintos. El público, generalmente decenas de miles de personas, desata emociones intensas cuando grita o canta. En un encuentro no se sabe qué va a pasar, en cada ocasión hay incertidumbre y emoción, pero según él, en los conciertos es lo mismo, porque no se sabe qué canción se va a tocar. Cuando empiezan los primeros acordes, la gente vibra y contagia sus sentimientos a todos los asistentes, músicos incluidos. Además, para celebrar ambos acontecimientos, se emplean las mismas instalaciones y los mismos proveedores de sonido. Sin embargo, según Clifford, el deporte todavía tiene mucho margen de mejora en la cuestión sonora, especialmente en la actualidad con la técnica del sonido envolvente.  

El sonido imperante en los eventos deportivos ha sido siempre el del público. Se dice que es el jugador número doce en un partido de fútbol. En los nuevos diseños de estadios ya se tiene en cuenta y se emplean métodos para amplificar el rugido de las gargantas. Es imprescindible para que el equipo de casa juegue con ventaja con ese impulso y logre intimidar más a sus rivales. Por eso la acústica de los estadios se ha convertido en un elemento sustancial. Es más, es un ingrediente imprescindible en todos los deportes. En baloncesto es crucial el silencio cuando ataca el equipo de casa y el ruido ensordecedor cuando lo hace el visitante. La prueba es que durante la pandemia, cuando se ha jugado sin público, numerosas retransmisiones contaban con un efecto de fondo que simulaba el ruidos de los aficionados realizado con sofisticados sistemas

Pese a esto, cada vez más estadios se enfrentan al problema de acústicas obsoletas. Si las instalaciones están anticuadas, el sonido de megafonía puede ser ensordecedor e incluso dañino. En Global Sport Matters alertaron de que en muchos partidos de la NBA se superaban varias veces los decibelios soportables y que existía riesgo de lesiones leves, pero permanentes, para los jugadores y los trabajadores de los recintos deportivos. La mitad de los árbitros, según un estudio que citaban, sufrían tinnitus (zumbido en los oídos)  Sin embargo, en la exigencia del espectáculo moderno no hay pausa. Es cada vez mayor y esto supone la incorporación de efectos que necesitan altos volúmenes de sonido, ya sea el speaker, el vídeo de las pantallas o la Realidad Aumentada. Un estadio de rango medio, como el Molineux, sede del Wolverhampton inglés, tuvo que instalar un nuevo sistema de audio para que todo el programa de día de partido, con entrevistas a jugadores y expertos y un espectáculo pirotécnico, pudiera ser llevado a cabo.

En estas circunstancias, la ciencia del sonido en recintos deportivos es de mayor exigencia y complejidad de la que puede parecer a priori. La megafonía y el vídeo tienen que llegar a cada localidad con la misma intensidad y las voces de los asistentes. Al mismo tiempo, tienen que ser de un volumen que logre emocionar para alcanzar las catarsis colectivas que, al fin y al cabo, son las que hacen que los aficionados vuelvan a los estadios y no prefieran ver los partidos cómodamente en casa. El problema es que cuanto más grande sea el recinto, más difícil es que llegue el sonido igual a todas partes. 

En la actualidad, la mayoría de los grandes estadios europeos cuentan con techos parciales que sirven para que las ondas del sonido reboten hacia dentro. Antiguamente, los recintos eran abiertos y eso hacía que el sonido se «fugara» hacia fuera. Posiblemente, una de las experiencias que más puso de manifiesto este problema fueron los Juegos Olímpicos de Tokio 1964. El estadio Nacional Yoyogi presentó importantes problemas de acústica por el amplio techo diseñado por el arquitecto Kenzo Tange. De esta manera, los Juegos de Los Ángeles 84 fueron pioneros a la hora de emplear simulaciones acústicas. Una técnica que ya es imprescindible en este campo. 

Los nuevos estadios ponen foco en la acústica

Un caso significativo en este aspecto fue el de la construcción del nuevo estadio del Tottenham Hotspur. Su presidente, Daniel Levy, quiso que el nuevo recinto fuese aún más ruidoso que el anterior, que ya era famoso en Inglaterra por su ambiente. La acústica se tuvo en cuenta desde las primeras fases del diseño y para llevarlo a cabo se contó con Vanguardia, la empresa que llevaba el sonido de clientes como el grupo U2. Con un espectrograma, una herramienta para visualizar el sonido, crearon una serie de gráficos con los que se pudo ver de forma detallada cómo las ondas del sonido se moverían por todo el estadio, cómo rebotarían en las diferentes superficies y materiales y cómo se abrirían paso por todos los rincones de la arquitectura. Con estos gráficos se ajustaron los ángulos de los paneles de la cubierta y se eligieron los materiales apropiados para maximizar los gritos del público. 

No obstante, la referencia clave la dio la observación sobre el terreno. Después de viajar por toda Europa analizando los recintos más importantes, los técnicos encargados del nuevo estadio de los Spurs observaron que en los que tenían mejor atmósfera, había un detalle en común: siempre tenían grandes extensiones ininterrumpidas de asientos donde se sitúan los aficionados más ruidosos. Por lo tanto, en Tottenham, los arquitectos situaron todas las instalaciones premium en las gradas este y oeste y concentraron la entrada general en las gradas norte y sur. Concretamente, su tribuna sur es la más grande de todo el Reino Unido, con capacidad para 17.500 espectadores y un diseño particular enfocado al sonido; cuenta con una inclinación de 35 grados y una ligera elevación diseñada específicamente para que, junto a los paneles colocados en la parte inferior de la cubierta de esa parte del campo, proyecte un «muro de sonido» en los partidos. Es un altavoz arquitectónico. 

Los efectos del sonido en el exterior e interior de los estadios 

Por otro lado, el sonido que sale del estadio también tiene que tenerse en cuenta para la relación que juega el recinto con el entorno urbano, natural o vecinal en el que se encuentre. En suma, no se puede afectar acústicamente al medioambiente, los altos niveles de sonido solo deben ser efectivos en el interior de la instalación. Este problema ya se ha detectado en Estados Unidos cuando se han modernizado estadios y su actividad ha acabado repercutiendo en las áreas residenciales circundantes. A esta complicación hay que añadir la meteorología. Si seguimos la evolución de los últimos estadios construidos en Europa, un ejemplo interesante es el Slaski de Polonia, el estadio de Silesia, que albergó conciertos de grupos tan exigentes con los decibelios como Iron Maiden o AC/DC. Para instalar su nuevo sistema de sonido en 2009, lo que más se tuvo en cuenta fueron las condiciones climáticas adversas de los duros inviernos polacos. Con humedad alta, es más probable que haya una refracción. Es igual en caso contrario, si las temperaturas son elevadas, el sonido se mueve de forma más rápida. Si el aire está caliente cerca de la línea de tierra, las ondas tenderán a irse hacia arriba y el sonido tendrá menor intensidad.

Otro problema en la acústica de los estadios son las sillas. Se suelen elegir de plástico por su costo y baja necesidad de mantenimiento, pero eso implica que, cuando no hay espectadores que absorban el sonido, no se puede controlar la reverberación. Los asientos vacíos son un problema que distorsiona el sonido. 

Según Ken Voss, ingeniero de la empresa RCF USA, en un evento deportivo el público suele recibir de media un sonido en una franja entre 85 y 90 decibelios. Cuando se produce una jugada peligrosa, puede subir hasta 110 y 115. En Estados Unidos, el récord registrado está en 142 decibelios en el estadio Arrowhead de Kansas City. En el fútbol europeo, entre los más ruidosos hay valores de 113 decibelios de Anfield Road, en Liverpool, o 111, en San Siro, Milán.
En estas condiciones, la emisión de audio tiene que estar al menos seis decibelios por encima del público, explica Voss, pero esto solo ocurre «en un mundo perfecto». El sonido, para mantener ese margen y que sea audible, se encontrará los obstáculos citados. Y el problema reside en que, además de entretenimiento y publicidad, por megafonía se dan instrucciones vitales para una evacuación o cualquier cuestión de seguridad. Existen normas claras a este respecto por parte de la UEFA y la FIFA sobre la inteligibilidad de los mensajes. 

Para ofrecer una experiencia cien por cien satisfactoria y cumplir con las normas de seguridad, en Estados Unidos van apareciendo ideas y respuestas interesantes. Empieza a ser recurrente el empleo de emisiones que se pueden sintonizar desde la localidad del estadio. Por ejemplo, la aplicación Mixhalo, lanzada por Mike Einziger, guitarrista de Incubus, permite recibir las retransmisiones de la televisión. La idea parte de la base de que los sistemas de megafonía de los recintos deportivos nunca podrán emitir en condiciones debido al sonido ambiente. Con esta aplicación se bloquea el ruido exterior y el espectador se centra en lo que quiere oír, porque en un partido, tan importante puede ser el estruendo del público como escuchar los sonidos que se registran sobre el césped o la animación del speaker. Esta tecnología ya la emplean los Buffalo Sabres de la NHL y los Sacramento Kings de la NBA. La idea original nació en conciertos de rock y Sting, Aerosmith o Metallica ya las implementaron para que sus espectadores no escuchen al resto del público más que al grupo, pero tampoco prescindan de la emoción de miles de gargantas. 

Por contra, si lo que a lo que se aspira es a alcanzar una ecualización perfecta, también hay otras ideas provenientes del mundo del rock. Alistair Jame, que tocó en giras con el ex batería de Guns N´Roses, Steven Adler, y junto a Raymond McGlamery, ha creado Audion, una aplicación para modular el sonido de los altavoces en cada rincón del estadio. El sistema está instalado en el Yankee Stadium de Nueva York. Aquí lo que se da por hecho es el deterioro progresivo de la megafonía. Es inevitable con los años y, cuando ésta se produce, la tendencia natural es a subir el volumen, lo que ocasiona que haya sectores del público o zonas del estadio donde  molesten las emisiones e incluso hagan que piten los oídos. Audion lo que consigue es separar las mezclas de emisión de cada sonido, ya se trate de la pantalla de vídeo, de música o de la megafonía del speaker, y de forma inteligente adapta la emisión a cada necesidad y circunstancia. Actualmente, las nuevas necesidades de negocio de los clubes deportivos pasan por atraer giras de artistas musicales y que pasen por sus estadios, de modo que la oportunidad de que el negocio pueda aprender del rock es inmejorable. 

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