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febrero 4, 2022

Psicología

Anatomía del penalti

By Álvaro González.

El profesor de Filosofía y Metafísica de la Universidad de Durham, Stephen Mumford, explicó en su tratado sobre fútbol, Football, the Philosophy Behind the Game (Polity, 2019), que parte del secreto de este deporte es que nadie sabe nunca qué es lo que va a suceder, ahí reside su interés. Dentro de esa incertidumbre, seguía, el punto de penalti tiene un significado especial. Es donde más emoción, angustia y alegría se pueden concentrar, especialmente en una tanda de penaltis. Es uno de los aspectos de un partido sobre los que, según este profesor, los jugadores no pueden tener el control. Es decir, el portero no puede controlar hacia donde dispara el lanzador y viceversa, aunque intervengan las técnicas de engaño.

“Todavía no existe una explicación de la mente humana remotamente plausible que permita a un físico predecir en términos deterministas las decisiones de los individuos”.   Stephen Mumford, profesor de Filosofía y Metafísica de la Universidad de Durham.

Por eso, el encanto de los penaltis es que: «nadie tiene el control total sobre lo que sucede en el fútbol». Sin embargo, la ciencia deportiva cada vez está más cerca de desmentir esta conclusión.

¿Los penaltis son solamente azar?

Es cierto que cuando dos equipos tienen que desempatar un partido en una tanda de penaltis, millones de personas contienen la respiración. Una de las razones es obvia, la pena máxima iguala el nivel de las plantillas. Un estudio de 2020 de la Universidad de Colonia que analizaba más de mil penaltis de 14 competiciones distintas, encontró que, a la vista de los resultados, las posibilidades de un equipo inferior de imponerse en la tanda son del 40%, un ratio más elevado que durante el tiempo reglamentario. Por eso, con frecuencia se ha definido la tanda de penaltis como una lotería. Tradicionalmente, nunca ha habido manera de pronosticar el resultado. No obstante, ya contamos con tres décadas de estudio de los penaltis para tratar de establecer unas premisas mínimas que permitan derribar el mito de que su resultado se debe únicamente al azar.

De hecho, en el último congreso Sports Tomorrow del Barça Innovation Hub se puso de manifiesto la relevancia que están adquiriendo estos estudios. Una investigación de Lotte Bransen, de SciSports, Predicting football penalty directions using in-march performance indicators, profundizaba en la búsqueda de formas de predicción del resultado de una tanda de penaltis demostrando que existe una relación entre el coeficiente de pases bien dados de un jugador durante el partido y sus posibilidades de meter gol en una tanda de penaltis posterior. Por su parte, el paper ganador, de Roy Ibrahim, Bridging the gap between biomechanical research and practice in training the goalkeeper´s diving save, presentó un sistema de entrenamiento de porteros basado en un análisis de los músculos que intervienen en las posturas más frecuentes en las paradas. En lo referente a los penaltis, había conseguido que los guardametas cubriesen 43 centímetros más de portería en cada estirada.

El factor psicológico de un penalti

Es una escuela, la del estudio del penalti, que ya tiene una tradición sólida. Durante las dos últimas décadas, uno de los profesores más prolíficos en su investigación ha sido Geir Jordet, de la Norwegian School of Sport Sciences. Desde sus primeros trabajos ha estado de acuerdo en que en los penaltis interviene la habilidad de los jugadores, la fisiología o fatiga que puedan experimentar después de dos horas de juego, y también el azar, pues como se ha mencionado nadie sabe en qué dirección se lanzará el portero en el caso de que se tire. Sin embargo, en sus estudios ha añadido un factor mucho más importante: el psicológico, la resistencia al estrés. Según sus primeros análisis de tandas de penaltis de campeonatos de máximo nivel, el estrés fue más determinante en el resultado que cualquiera de los factores anteriores. En uno de sus estudios basado en entrevistas realizadas a los participantes en una tanda de penaltis entre Suecia y Holanda en cuartos de final de la Eurocopa 2004, todos los jugadores aseguraron haber sentido emociones debilitantes y la única de la que hablaron todos fue la ansiedad.

Está demostrado que el cansancio puede influir en la coordinación neuromuscular y que el ejercicio prolongado puede alterar las funciones cognitivas, lo que podría afectar a un lanzamiento de penalti, pero ninguna de estas limitaciones es mayor en esa situación que la que produce el estrés. Analizando las estadísticas, Jordet encontró que en las competiciones más importantes, como la Copa del Mundo, es donde se marcan menos penaltis en las tandas. Es más, la probabilidad de éxito disminuía con cada tiro. Cuando un penalti es más decisivo que el anterior, se falla más. Así pudo concluir que la ansiedad ante la alta importancia percibida de un torneo era el factor más decisivo en una tanda de penaltis de un campeonato internacional.

En sucesivas investigaciones junto a otros colegas fue encontrando matices sobre ese estrés que se pueden percibir a simple vista. Cuando se produce una situación de ansiedad asfixiante, está estudiado que los deportistas tienden a monitorizar y tratar de controlar conscientemente movimientos que de otra manera realizarían automáticamente, lo que va en detrimento de la calidad de la acción. Cuando se produce una intensa angustia emocional, las personas tienden a centrarse en lo inmediato y no en las implicaciones a largo plazo de lo que están haciendo. De modo que si la ansiedad domina al deportista, puede que le dé máxima prioridad a poner fin a su angustia y se precipite.

El equipo de Jordet encontró patrones para identificar ese proceso. Esa autorregulación podría detectarse en la dirección de la mirada cuando el jugador se aleja del punto de penalti antes de golpear el balón. Pueden coger carrera mirando fijamente al portero, esquivando su mirada o, directamente, de espaldas a él. En sentido inverso, desde el punto de vista del portero, un grupo de investigadores británicos también encontró en 2008 que los guardametas medían la confianza del jugador que iba a disparar a través de su mirada. Si la evitaban, entendían que su seguridad en el tiro era menor. Otra forma de saber si existe falta de confianza es la colocación del balón en el punto de penalti lo más rápido posible. El jugador víctima de la ansiedad, querrá acabar cuanto antes con el trámite para superar la asfixia emocional. Todas las autorregulaciones de la ansiedad que se lleven a cabo, como acabar cuanto antes con el lanzamiento, pueden servir para eliminar emociones negativas, pero lo más probable es que dañen el rendimiento. La prueba es que Jordet descubrió que tanto apartar la mirada del portero como una preparación acelerada para el disparo estaban más asociados a los penaltis fallados que a los acertados.

La presión de la autoimagen

También puede producirse una crisis de ansiedad como respuesta autorreguladora a una amenaza al ego. Fallar supone el riesgo de que la imagen que el jugador tiene de sí mismo se vea dañada, lo que desencadena una situación de pánico. A esta conclusión llegó analizando tandas de penaltis sesgando por nacionalidad. Alemania, por ejemplo, había ganado las de 1982, 1986, 1990, 1996 y 2006, mientras que Inglaterra había perdido las de 1990, 1996 (donde ganó una a España, pero perdió otra con Alemania) 1998, 2004 y 2006. A la hora de enfrentarse a la pena máxima, en cuestión de imagen, unos jugadores tenían más que perder que otros, luego su ansiedad era mayor.

Muchos factores pueden determinar esa presión de la autoimagen. En Estados Unidos, en el béisbol se definió la «depresión de segundo año», un descenso del rendimiento que se repetía después de temporadas exitosas. En atletas internacionales apareció un fenómeno semejante. Cuando ganaban algo importante, el éxito se convertía en una presión adicional. En fútbol, el propio Jordet identificó sistemas de evitación y autorregulación en jugadores que habían sido galardonados con premios como «Mejor jugador del año de la FIFA». Ya sea por una cuestión de autoimagen o por la percepción de una amenaza mediática a la reputación, la investigación encontró que los jugadores ingleses incapaces de superar tandas de penaltis mostraban los tiempos más altos de desviación de la mirada, un 57% de ellos le dieron la espalda al portero mientras tomaban carrerilla.

Emociones colectivas

Además, hay que tener en cuenta que las emociones son contagiosas. La literatura científica a este respecto indica que la transferencia de emociones positivas aumenta los niveles de atención, cognición y desempeño de los compañeros. Si centramos este aspecto en las tandas de penaltis, se estudió si la emoción positiva colectiva podía servir para reducir los efectos de la ansiedad y evitar que el jugador cayese en una espiral escapista o de evitación. El resultado fue que cuando un jugador se alegraba por haber conseguido su tanto, el rival experimentaba inferioridad y los compañeros, superioridad, lo que tendría consecuencias en la seguridad de los que fuesen a hacer el siguiente lanzamiento. Fue 2,35 veces más probable que el rival fallase después de un penalti anotado seguido de una celebración visible. Sin celebración, si el jugador mira hacia abajo al meter el gol, había más posibilidades de que estuviese en el equipo que iba a perder. Además, el contagio de emociones se puede encontrar entre partidos e incluso entre campeonatos. Estadísticamente, se ha observado que es más probable perder una tanda de penaltis cuando se ha perdido la anterior. El historial negativo del equipo sería otro factor estresante si están presentes jugadores involucrados en el último fracaso.

Desde el punto de vista de los árbitros, se observó que cuando los colegiados intervienen en la colocación correcta del balón en el punto de penalti, hay más fallos. Es una estadística coherente con una análoga de la NFL, el fútbol americano estadounidense, que descubrió que se fallaban más golpeos de balón cuando venían precedidos de un tiempo muerto en comparación con los que se producían durante el juego. Involuntariamente y sin saberlo, concluía el estudio de Jordet, Esther Hartman y Einar Sigmudnstad: «los árbitros pueden estar jugando un papel en el resultado de los tiros de las tandas de penaltis».

Diferentes técnicas de tiro

También se ha estudiado el método de tiro: si es teniendo en cuenta hacia dónde se lanza el portero o es ignorándolo y colocando el balón en un lugar de la portería decidido previamente con independencia de lo que haga. Tras analizar todas las tandas de las competiciones de la UEFA y los mundiales entre 1982 y 2012, vieron que en un 90% de los penaltis se podía distinguir con claridad si el lanzador había empleado una estrategia u otra. La tendencia general era lanzarlos sin pensar en el portero entre un 78 y un 85%. Esto podría deberse, según la hipótesis, a que es una estrategia que permite tener un mayor control del estrés, puesto que esperar a que el portero se mueva cuando se inicia la carrera genera mucha más incertidumbre. Al mismo tiempo, esta información es útil para los porteros. La estadística mostró que el jugador que tiende a engañar al portero da más zancadas y mira más veces al guardameta. Si el disparo se va a efectuar independientemente del portero, se hace una carrera más corta e intensa y se suele ignorar la presencia o mirada del guardameta.

En este sentido, un estudio de la Universidad de Exeter señaló en 2010 que cuando el lanzador apuesta por la puntería antes que por el engaño, la distracción que el portero pueda realizar con movimientos previos, como agitar los brazos o animar a la grada, podrían interferir la concentración necesaria para colocarla. Por el contrario, no se ha podido demostrar que un jugador sea capaz de ignorar  totalmente al portero aunque lo pretenda. Un estudio publicado en el Journal of Sports Sciences en 2013 demostró que la mera presencia del guardameta reducía los porcentajes de acierto de los jugadores si lanzaban a un cuadrante de la portería predeterminado. Es más, se pudo comprobar que si había portero, los lanzamientos se «centralizaban», es decir, tenían tendencia a estar dirigidos más cerca del portero que si se lanzaba a puerta vacía.

Otros aspectos parecen obvios, pero también han necesitado ser demostrados. M. López-Botella y J.M. Palao, de la Universidad Católica de Murcia, confirmaron que entre los especialistas, los que meten ocho de cada diez penaltis, los diestros tienden a tirar a la zona derecha del portero y los zurdos, a la izquierda. Mientras que ambos preferían lanzar por las zonas bajas de la portería.

Según la velocidad que lleve el balón y el tiempo de reacción del portero, otro estudio comparó vídeos de penaltis reales con simulaciones en 3D Studio Max. En los vídeos analizados en el experimento, (de la Copa del Mundo 2010, la Copa América 2011 y la Eurocopa 2012), los lanzamientos favoritos de los jugadores fueron, por zonas: 1 (5,5%) 2 (2,7%), 3 (5,5%), 4 (33%), 5 (15,2%), 6 (11,1%), 7 (16,6%), 8 (5,5%) y 9 (4.1%) En esos tres campeonatos solo se produjeron paradas en los cuadrantes 4 en un 19,4%. En otro análisis de contraste realizado con los reservas del CA Peñarol en una sesión de 50 penaltis en mayo de 2010, las cifras fueron similares. Las paradas en las áreas 4 fueron del 15,8%.

Otras teorías y estudios sobre el penalti

El golf es un deporte muy similar a los penaltis, de hecho, los golfistas también citan la ansiedad como principal emoción ante los golpes decisivos. Estos investigadores recomendaban a los futbolistas seguir los protocolos habituales en el golf para mitigar el estrés. Por ejemplo, afrontar cada hoyo pensando en voz alta. Del mismo modo, hay estudios que han tratado de derribar mitos populares. En Alemania, dice el refrán que el jugador que recibe la falta dentro del área, nunca debe lanzar el penalti. Sin embargo, una investigación publicada en el Journal Sports of Sciences indicó que no existía ninguna relación estadísticamente significativa entre el éxito o no de un penalti si lo lanzaba el jugador al que le hicieron la falta.

También se han estudiado los penaltis por sus hechos diferenciales. Una investigación de Mikael Jamil, de la School of Health and Sports Sciences de la Universidad de Suffolk, halló diferencias sustanciales según cada liga. En la Premier, por ejemplo, el golpeo con el interior es el que más goles lograba. En Alemania, el empeine era la garantía de éxito. En Italia, ambos golpeos lograban un porcentaje de éxito similar. Para La Liga española, los goles más frecuentes eran por las zonas 7 y 4 de la imagen.

Hay investigaciones que han profundizado en detalles tan sutiles como el color de la camiseta. En encuestas a porteros, obtuvieron como respuesta que el rojo es el color más intimidante. Culturalmente, podría estar ligado al dominio y la habilidad. En el libro Cromorama (Taurus, 2019) el autor Riccardo Falcinelli explicaba que estas diferencias de percepción también se producen con los electrodomésticos. Ha habido experimentos que han demostrado que entre dos iguales uno parece mejor dependiendo de su color. Según el diseñador Andrea Branzi, de los objetos se percibe su identidad cromática antes que su forma y función. El estudio futbolístico de la School of Sport, Exercise and Health, de la Universidad de Chichester, solo analizaba los colores rojo y blanco, pero concluía que entre ambos el blanco podía presentar una desventaja, si bien en Inglaterra los equipos con mejor palmarés han ido tradicionalmente de rojo, como Liverpool o Manchester United. No obstante, en Estados Unidos, una investigación similar descubrió que los equipos de la NHL eran percibidos como más agresivos y contundentes si vestían de negro. De modo que según los códigos culturales de cada país, el color podría ser una pequeña ventaja.

No obstante, más que en el color, los porteros tienden a fijarse en otros detalles para intentar adivinar la dirección del disparo. También se ha demostrado que los porteros veteranos lanzaban más golpes de vista al tronco, las caderas y la pierna de apoyo del lanzador que los guardametas jóvenes. Lo que demuestra que los porteros aprenden a establecer patrones predecibles del comportamiento de los delanteros. Esa sí que es la gran paradoja de los penaltis, que cuanto más se estudien y aumente su predictibilidad, más impredecibles son si la ciencia deportiva desarrolla por igual las habilidades de las dos partes, el lanzador y el portero. No por casualidad, en su libro Me gusta el fútbol (RBA, 2002), Johan Cruyff destacaba la dualidad de este lance futbolístico:

“Un penalti, ¿qué es? Gol o no gol; dentro o fuera; un disparo o una parada, en resumen, un concepto estático”. Johan Cruyff.

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